Integrantes del Club Palestinos hacen su altar
Quiso el maligno Covid / arruinar los corazones/ pero no contó con el ardid / de fortísimos bastiones / de entusiasmo y unidad/ que en el sur de la ciudad / Palestinos ha levantado
Después de la crisis mayor de la pandemia, apenas repuesta del susto y la incertidumbre, la comunidad deportiva del Club Palestinos, optimista siempre, reinició anteayer jueves una de sus actividades típicas: la muestra de altares de difuntos o celebración del Hanal Pixán.
Presidida por el profesor Antonio Osorio Vázquez, quien durante año y medio ha distribuido víveres y ropa en los asentamientos irregulares del sur meridano, la comunidad de padres, entrenadores y jóvenes futbolistas acudieron a las instalaciones del Club, Periférico con 42 Sur, a disponer lo que demanda la tradición.
Ahora bien, de conformidad con los difíciles tiempos, los padres y deportistas erigieron un solo y gran altar de difuntos. Estos días no permiten dispendios, así que —desde las 3 de la tarde y durante dos horas— la gran mesa de Hanal Pixán colectiva se fue levantando con sus niveles simbólicos, se adornó convenientemente y fue el espacio donde se colocaron, afectuosamente, los alimentos que, según las creencias, vienen a aspirar quienes ya dejaron este mundo, pero aún lo añoran.
Tasas de chocolate, dulces de mazapán figurando animales o flores, rosetones de coco y de pepita, ensalada —xek— de frutas rociadas de limón y sal, panes dulces y bizcochos, tamales colados y vaporcitos, así como el mucbipollo con gallina y cerdo, vianda principal e infaltable.
Todos los alimentos bajo la silente mirada de la cruz verde, signo de la renovación de la naturaleza y de la vida, señal de eterna esperanza, puerta hacia el camino para las regiones celestes o el inframundo, según las raíces étnicas.
Los “jueces” —amigos y admiradores de la obra social de Palestinos— iniciaron su inspección a las cinco de la tarde y captaron ese sentido emblemático de la gran mesa común: no hay pandemia que logre sofocar del todo el ánimo de la gente del Sur afiliada a Pelestinos. Ya vendrán tiempos mejores.
Se trataba de no dejar morir la tradición —señala el maestro Osorio Vázquez— y resistir la mala racha que el Covid-19 trajo para la sociedad en todos los sentidos: decesos familiares, aislamiento depresivo, baches económicos, soledad incrementada, pérdidas de confianza.
Los jóvenes deportistas, quienes ya reanudaron sus entrenamientos semanales, necesitaban ver a sus mayores empeñados en esta actividad con la misma intensidad de antes, colaborando con ellos en un “seguir adelante” que siembra ese optimismo tan necesario.
Esperemos —señaló el maestro Osorio— que el año venidero podamos tener de nuevo nuestra original muestra de altares con la participación de todos los equipos de infantil y juvenil.— Jorge Álvarez Rendón
