Jurado votó por ella de manera unánime
La admiración que siente por la obra de José Emilio Pacheco y el hecho de que el Premio Excelencia en las Letras, que lleva el nombre de este reconocido escritor, haya sido recibido por destacadas plumas, hacen que para Rosa Beltrán, recién nombrada ganadora de este premio para la edición 2022 de la Filey, sienta que representa un enorme honor.
La novelista, cuentista y ensayista recibirá el galardón en el marco de la inauguración de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán, en marzo de 2022.
Señala que es un honor enorme y un gran gusto el recibir este Premio que lleva el nombre de José Emilio Pacheco, uno de los autores más leídos y queridos del país, no sólo por lo importante de su narrativa, sus novelas y cuentos, sino también por la enorme obra poética que tiene y por su “Inventario”.
Rosa Beltrán comparte que tuvo la oportunidad desde la UNAM de editar el último libro de poesía de José Emilio, “Los días que no se nombran”, y también participó en la edición de su “Inventario”.
El saber que grandes escritores como Elena Poniatowska, Juan Villoro, Cristina Rivera, Fernando del Paso y Enrique Serna hayan sido los ganadores anteriores de este Premio, es algo que la hace sentirse más honrada, y aún más sabiendo que Serna, a quien considera un gran maestro del cuento y ensayista, quien fue jurado del Premio junto con UCI Mexicanistas, y los demás integrantes, votaron de manera unánime para que fuera la galardonada.
Cobijada
Cuenta que al recibir la noticia se sintió apabullada, pero muy orgullosa, le entusiasmó la noticia y la conmovieron los aplausos de quienes en ese momento estaban en el Claustro de Sor Juana en una clase que daba, pues se sintió como un abrazo, lo cual significa mucho en esta pandemia.
“Las batallas en el desierto” es la obra favorita de José Emilio Pacheco de la escritora, una novela de crecimiento, de la experiencia erótica desde el punto de vista de los varones, en una época en la que se vivía el “alemanismo” en México con un gobierno que prometía mejoras que nunca llegaron, la introducción de productos americanos, la penetración cultural americana y otros aspectos que hacen que el libro sea su preferido.
Pero añade que le encanta la obra poética de José Emilio, sus artículos periodísticos y por tanto no perecederos, sobre los que el escritor estaba renuente a que se publicaran en un compendio, resalta que son un documento importantísimo, pues tal como lo hizo en su momento Salvador Novo, estos artículos contemplan lo político, filosófico, literario, pero también los hábitos y forma de vida.
Apunta que esos textos de José Emilio son crónicas a manera de artículos de la vida cotidiana en México, y de un erudito que se adentró a obras de importantes autores de habla hispana y al período del modernismo, en el que era un experto en la poesía modernista.
Mitos de la creación
Sobre el reto de escribir, indica que en el entorno actual de la pandemia es cuando se vivió un gran reto, pues hay la falsa idea de que para el que escribe el momento ideal es en el tiempo libre, pero no es así, se necesita escribir en libertad, y si hay miedo y zozobra, si no se sabe que va a pasar en el futuro, es difícil hacerlo. Esto, aunado a que el que escribe se alimenta de las conversaciones de otros, es algo que se vio coartado en esta pandemia.
Sobre los efectos de las redes sociales, puntualiza que sólo tiene un porcentaje de credibilidad, no son medios tan de fiar para quienes quieren encontrar el significado de lo que ocurre, y hay un lenguaje de unos contra otros en el que en más de una ocasión se convierten en una arena de lucha libre.
Considera que las redes sociales están restando lectores de libros, aunque algunos se empeñen en decir que no, pues la atención de los jóvenes está en las redes sociales, en los videos, que son otra clase de narrativa, y en las que emplean una atención dispersa de un tiempo más acotado del que se necesita para leer a grandes novelistas.
Apunta que es inevitable que los jóvenes estén vinculados por los virus de las redes sociales, pues es fascinante conectarse en tiempo real y en segundos con otros, pero es insuficiente, y no se debe renunciar a otras formas de lectura, y leer no depende de veinte minutos al día, como dicen las campañas nacionales, sino de un estado del espíritu que es el que se pierde y se olvida cuando se lee y escribe en redes.
Por ello, enfatiza que los jóvenes deben aprender de quienes ya tienen el virus de la lectura, “hay que inocularlos y hacerles ver lo fascinante y distinto que es la lectura en libros, incluidos los digitales”.— Iris Ceballos Alvarado
