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Salud y Vida

Yeusví Maley Flores Cazola (*)

Si bien el pasado 26 de noviembre, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró a B.1.1.529 ómicron una variante de preocupación; también es una realidad que aún no se cuenta con la evidencia científica suficiente como para propagar un miedo, hasta el momento, infundado.

Como profesional de la salud me permito recordar que es precisamente una característica de todos los virus establecer en sí mismos cambios que les permitan asegurar su persistencia, es decir, mejorar continuamente. Si trasladamos estas mejoras al contexto específico del coronavirus, implican tratar de vencer las defensas físicas que se establecieron como herramientas de protección y la potencial inmunidad alcanzada con el esquema de vacunación.

Nuevamente hago énfasis en que esto es esperado, no solo para ómicron, sino para las múltiples mutaciones que seguirán surgiendo, esto sin demeritar que debemos permanecer pendientes de esta enfermedad y seguros de recibir información verídica de fuentes confiables.

Hasta el día de hoy los científicos del mundo participan en estudios epidemiológicos para categorizar de manera adecuada esta nueva variante y establecer sus características.

Ómicron cuenta con un número alto de cambios en su estructura, en particular del área de la espícula que es la que permite su interacción con las células humanas; sin embargo, aún se carece de información sustentada que permita extrapolar los resultados en las características clínicas que estos cambios confieran.

Hasta el momento y debido a lo que se ha aprendido, pudiera aventurarme a asegurar que esta información tardará por lo menos una semana más en arrojar evidencia científica de peso.

De igual manera se conducen estudios para establecer si las vacunas son eficaces para otorgar protección para esta nueva variante y si los estudios de PCR y antígenos permanecerán vigentes y con la eficiencia y eficacia provista hasta ahora para la asertividad de la detección de la enfermedad.

Lo cierto es que las medidas básicas de protección de sana distancia, ventilar espacios, lavado continuo de manos, uso correcto de cubrebocas y sobre todo recibir el beneficio de la vacunación cuando corresponda, son las herramientas que nos seguirán protegiendo.

Hemos entrenado para adaptarnos a los retos que un mundo globalizado nos otorga, ahora nos toca vivir bajo las normas que nos establece pero nunca dejar de vivir por miedo.

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