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Hablemos de Bioética

En muchas ocasiones no sabemos cómo ayudar a una persona que se encuentra en estado de depresión. Pero si la depresión llega a suprimir todos los placeres de la vida, ¿cómo puede un deprimido encontrar placer cuando está incapacitado para ello? No bastan palabras de ánimo para salir adelante.

El deprimido es una persona invadida por sentimientos de culpa, ineptitud, desconfianza hacía si mismo y hacia la vida, deja de confiar, de creer. Puede presentarse la mentalidad de castigo divino, sentirse así porque “me lo he ganado”, “Dios me envía esto por mis actos”.

Tenemos que decir que la depresión es una enfermedad que se diagnostica, pues frecuentemente escuchamos que la gente dice que “amaneció deprimida”, y no siempre es así; se puede amanecer triste, cansado, nostálgico, pero en el caso de la depresión, es necesario que se diagnostique por un profesional de la salud.

La depresión, de acuerdo con los manuales, se trata de una situación caracterizada por un agudo sufrimiento interno y por la pérdida del sentido de la vida. La depresión empieza a ser patológica en el momento en que el mundo interno del paciente cambia y el sufrimiento se convierte en continuo compañero de viaje.

Cuando nos encontramos a una persona que esta viviendo esta experiencia, lo que podemos hacer es mostrarle cercanía sin invadir su intimidad. La mayoría de las veces quieren aislarse, en este sentido debemos mostrar empatía, cercanía, “estoy contigo, pero no invado tu espacio”. Que sientan que estás, pero que al mismo tiempo eres muy respetuoso con su persona. Ofrecer la cercanía física pero también la cercanía espiritual.

Siempre es reconfortante escuchar que alguien esta orando por ti, le está hablando a Dios de ti, de tus preocupaciones, intenciones y necesidades. Para la persona que esta en depresión, escuchar que ofreces tu oración por ella, le va a dar alivio y esperanza. Inténtalo.

El sentimiento que en mayor medida caracteriza a la persona enferma es el de la esperanza, por eso en pequeñas y en grandes dosis podemos suministrar la esperanza a quien vive en este estado de depresión.

Según mi modo de ver, nuestra cercanía física y espiritual serán las mejores maneras de ofrecer nuestro servicio a quien padece de esta enfermedad.

En estas épocas navideñas, se suele agudizar esta enfermedad por los recuerdos, las ausencias y las experiencias vividas en el pasado.

Recordemos que la Navidad, que estamos próximos a vivir, es un motivo de auténtica alegría y un gran signo de esperanza.— PRESBÍTERO ALEJANDRO DE J. ÁLVAREZ GALLEGOS Doctorando en Bioética

 

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