Hoy en la cápsula “Miradas en el tiempo de ProHispen”, Raúl Rivero Canto habla de los Santos Reyes:
“La devoción a nivel mundial a los Santos Reyes es muy antigua, pues data del siglo IV, cuando San Eustorgio trasladó las reliquias, o las que se suponía que eran las reliquias de ellos, de Constantinopla a Milán. Ahí estuvieron hasta que en 1164 el emperador Federico Barbarroja se llevó las reliquias a la ciudad alemana de Colonia, lugar donde permanecen hasta el día de hoy.
“Para albergar tales reliquias se ordenó la construcción de una catedral inmensa, fabulosa, siendo la Catedral de Colonia una de las mayores joyas del gótico a nivel mundial. Su construcción tardó 632 años, de 1248 a 1880. Desde 2004 es Patrimonio Cultural de la Humanidad. Sin embargo, su interés no radica solo en tener las reliquias de los Reyes Magos sino también porque en el siglo XVI quedó inconclusa convirtiéndose en un elemento nostálgico y llamativo y tema de conversación en Europa.
“En ese contexto, en 1563, cuando se fundó el convento franciscano de Tizimín, al pensar en darle por título a tres santos, porque había preexistencia prehispánica de tres deidades en el asentamiento, se contempló en primera instancia a los Magos de Oriente en lugar de algún otro trío como los tres santos arcángeles. Dada la fama y la devoción que en ese momento tenían los Reyes Magos en Europa, no había duda de que eran la mejor opción.
“El santuario de Tizimín tuvo gran relevancia desde la época colonial. Contó con una amplia jurisdicción parroquial que incluyó varios pueblos de visita notables como San Francisco de Kikil, San Agustín de Loche, San Pedro Panabá, Santiago Sucilá, entre muchos otros. Con el paso de los siglos llegó a consolidarse como el santuario en honor a los Santos Reyes más importante de América y, posiblemente, el segundo más importante en el mundo.
“De las devociones a los Santos Reyes una se ha perdido y vale la pena recuperarla. Consistía en escribir las iniciales de sus nombres en las puertas de los predios al iniciar el año durante la fiesta de Epifanía. Se colocaban los dos primeros dígitos del año (20), luego un * en honor a la estrella de Belén, después una C (Caspar), una +, una M (Melchior), segunda +, una B (Balthasar), tercera +, y, finalmente, los últimos dos dígitos del año en curso (22). Esas tres letras (C, M y B) también significan la frase latina Christus Mansionem Benedicat que se traduce ‘Que Cristo bendiga esta casa’. Bonita tradición que se perdió en el tiempo y que sería interesante retomarla, sobre todo en la Península de Yucatán donde nos preciamos de tener el segundo santuario más importante dedicado a los Reyes Magos en el mundo”.
