PARÍS (EFE).— Los tejidos de siempre en siluetas del futuro. Así se resume la colección que presentó ayer Christian Dior de la mano de Maria Grazia Chiuri y que integró por primera vez tecnología para adaptarla a temperaturas extremas.

El nombre de la colección, “Una nueva era”, puso el tono de esta apuesta que explora sus principios de artesanía no solo en los tejidos y la costura, sino también en la capacidad técnica, gracias a una colaboración con la empresa emergente D-Air Lab.

Los elementos técnicos se integran en las prendas dando alas a un diálogo hasta hace poco inimaginado en marcas de lujo como Dior, más ancladas en el clasicismo y la tradición.

Chiuri defendió en un comunicado que la línea representa un concepto de “poshumanidad”.

Colores grises, corsés inflables y con forma de chaleco salvavidas, vestidos de rejilla negros, maxicinturones de piel, maxifaldas plisadas y botas militares fueron algunos diseños, que parecían convertir a las modelos en guerreras.

Una intención no buscada, más teniendo en cuenta que la casa se abstuvo de hacer comentarios sobre la invasión a Ucrania por Rusia, país donde Dior es una de las firmas más solicitadas.

Entre los ejemplos de la alianza entre tecnología y moda está el mono que abrió la pasarela: una malla negra pegada al cuerpo y con luces integradas (parecían reproducir las venas del cuerpo humano), capaz de mantener la temperatura corporal.

La chaqueta Bar, corta, de hombros estrechos y marcada en la cintura, también se adapta a los tiempos con un intrincado dispositivo de calefacción en la espalda.

Para contrarrestar el estilo futurista Dior intentó darle un aire de motociclista, jugando con los guantes y las coderas, que llevaban paneles técnicos y modernizaban el “New Look”, el traje de sastrería con falda que hizo famoso a Dior en 1947.

Chiuri no olvidó los trajes de noche con la introducción de un espectacular vestido de gasa rojo, plisado y cuello cisne, y uno similar en negro con pronunciado escote y un largo de túnica griega.

El desfile empezó con 45 minutos de retraso, muy probablemente porque faltaba la invitada estrella, Rihanna, quien llegó luciendo embarazo con un minivestido.

Junto a ella estuvieron otras celebridades como la actriz Anya Taylor-Joy, la modelo Elle Macpherson y Victoria Federica de Marichalar y Borbón, nieta de Juan Carlos I, quien consiguió hacerse una foto con la estrella de Barbados.

El ambiente del desfile fue sobrio, con una instalación en color vino y un centenar de cuadros decorando las paredes, fruto del trabajo de Mariella Bettineschi.

Bettineschi recuperó algunos de los retratos femeninos más famosos de la historia de la pintura, coloreados en blanco y negro y editados con un punto surrealista, pues los ojos se veían como cortados con una navaja.

El trabajo de la artista fue, según Chiuri, la piedra angular y conceptual de la colección, con la que demostró que la tecnología no podrá quedarse al margen.

Por su parte, la Federación de Alta Costura y Moda de París, organizadora de la Semana de la Moda, solicitó a los invitados que acudan a los desfiles “con la solemnidad que requieren estas horas oscuras”, en referencia al conflicto en Ucrania.

La Federación, que preside Ralph Toledano, recordó que “la guerra ha estallado brutalmente en Europa, sumiendo al pueblo ucraniano en el miedo y el dolor”.

“La creación se basa en el principio de la libertad, sean cuales fueren las circunstancias. Y el papel de la moda es contribuir a la emancipación individual y colectiva en nuestras sociedades”.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán