Cuando empezó el proyecto del hotel espacial de la empresa Orbital Assembly, del cual hablamos en la nota de portada, había tres factores que era necesario resolver para que una persona corriente pudiese ir y pasar un tiempo en una estación aeroespacial, según el arquitecto Tim Alatorre, quien participó en la Cumbre internacional de Turismo Espacial y Subacuático Sutus 2022, en la localidad turística española de Marbella.
En primer lugar, hacía falta contar con la tecnología adecuada, algo de lo que ya se dispone: “Hemos tenido una estación espacial durante más de 20 años y sabemos cómo soportar la vida en el espacio”, argumentó.
“En segundo lugar, es necesario bajar los precios”, y a este respecto incide en que desde los años 60 hasta hace unos años, el costo de llevar un kilogramo al espacio era de unos 8,000 euros (unos 157,139 pesos), “pero en los últimos cinco años hemos visto ese precio bajar hasta los 3,500 euros (68,496 pesos) y lo vamos a ver seguir bajando”, aseguró.
Y en tercer lugar, hacía falta una entidad, pública o privada, “con las ganas de hacerlo”; él y sus socios veían en las películas y en la televisión al ser humano viviendo en el espacio, pero nadie asumía el reto, así que un día se dijeron: “Hagámoslo nosotros”.
Hoy día, únicamente dos empresas —una rusa y una norteamericana— llevan pasajeros al espacio, y “el precio, que ronda los 50 millones de euros (987 millones de pesos), es muy caro; así, quedarse en nuestro hotel será muy barato en comparación”, señala.
Ahora mismo hay que realizar un entrenamiento concreto, recibir una formación básica de emergencias o saber cómo operar la estación espacial, pero “la meta es que algún día podamos bajar el precio por debajo de los 10,000 euros (197,432 pesos) y que cualquier persona pueda ir sin entrenamiento”, resumió el arquitecto.
