Esperanza es una joven transformada por el amor y lleva una vida plena, pese a que en sus primeros años estuvo dominada por el miedo al crecer en un hogar afectado por el alcoholismo.

“A lo largo de toda mi infancia me dolió la forma de beber de mi padre. Cuando él se encontraba en estado de embriaguez se transformaba en una persona agresiva, pateaba puertas, insultaba, se peleaba en la calle. Todo eso me causó un miedo fuera de control”, recuerda.

“A los 12 años conocí un grupo de jóvenes iguales a mí, con temores, inseguridad, ira, tristeza, vergüenza, como consecuencia de convivir con un ser querido cuya forma de beber ocasionaba problemas”, comenta.

“De las primeras experiencias gratificantes que recibí de este grupo fue que me escucharan con respeto y que me dejaran expresar libremente mis sentimientos y pensamientos”, añade.

“Con las experiencias de los demás y las lecturas fui comprendiendo que mi papá padecía una enfermedad muy compleja llamada alcoholismo”, indica.

“La revelación de esta condición me ayudó a librarme poco a poco del temor y todos los sentimientos negativos, pude descubrir el amor profundo que siento hacia mi padre. Hoy disfruto el regalo de tenerlo conmigo y prodigarle amor y cuidados. En Alateen aprendí a quererme y a querer a mis familiares independientemente de que beban o no”, puntualiza Esperanza, hoy miembro de Al-Anon y madrina de Alateen.— Cortesía de Alateen

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