Son las 12:30 de la tarde cuando en el recibidor del hotel se asoma un señor de barba blanca y sin bigote cargando una maleta. Debe ser el Mago Frank que ha quedado con el Diario para una entrevista. Pero, ¿y si no es?

Y es que al Mago Frank no solo se le asocia con su conejo, sino también con la tupida barba negra como cuando salía en “En familia con Chabelo”, el programa que lo catapultó a la fama.

La duda se despeja, no solo porque es él quien se acerca al identificar al fotógrafo, sino porque viste una guayabera con zanahorias y cabezas bordadas del Conejo Blas, su compañero durante 44 años.

Francisco José Suárez Rosas, su nombre real, fue uno de los artistas que la noche del miércoles participaron en Mérida en el espectáculo “Carcajadas con causa” a beneficio de La Casa del Actor, y se tomó un tiempo para charlar con el Diario.

En la entrevista, por supuesto, no falta el Conejo Blas, quien a cada rato “mete su cuchara”.

Con más de cincuenta años de trayectoria, el Mago Frank ya no se concibe sin Blas, y tampoco concibe a Blas sin él.

Antes de Blas hacía su show con otros muñecos de ventrílocuo que no le terminaban de convencer, pues se les desencajaba la quijada y a los niños les daba miedo. Su ilusión era tener un muñeco como la Rana René.

—Cuando fui a un congreso en Estados Unidos vi al Conejo Blas y dije: “Ése es el que quiero”. Lo tomé, platiqué con él, canté una canción.

—Sí, cantaste: “Ay, ay, ay, ay. Canta y no llores…” y la gente aplaudió mucho— interviene Blas.

—Sí, pero costaba mucho dinero y no lo pude comprar. Entonces allí es donde entra la mano de Dios, que mandó a un buen samaritano a comprarlo y luego lo mandó a mi habitación. Cuando entré allí estaba —recuerda el mago.

Desde entonces, mago y conejo han compartido escenarios, aplausos, viajes y nunca han pensando si compiten en fama.

—Claro que no, porque yo soy la estrella, y soy el guapo y el simpático —dice el conejo.

—Y yo, el que cobra —remata el mago, triunfal.

En un tono más serio, el Mago Frank señala que son una pareja muy bonita.

“El conejo Blas me da vida porque yo soy el Mago Frank gracias al Conejo Blas, y él es el Conejo Blas gracias al Mago Frank. Somos un binomio que no se daba en las personas o en las parejas de cómicos en el que todos pensaban que uno era mejor que otro. Eso es lo que no entienden los humanos y que Blas me ha enseñado a través de su simpatía”.

Mago y conejo también han sido testigos de muchos cambios, aunque, aseguran, la magia y la inocencia de los niños no ha cambiado, pero sí el ritmo.

“Lo que ha cambiado es el ritmo. Antes, yo hacía un show donde decía: ‘Había una vez una princesa con un collar de perlas que el brujo desapareció’, entonces llegaba yo y lo aparecía. Ahorita tú dices eso y el niño se va a jugar a la resbaladilla, por eso digo que el ritmo ha cambiado”.

Ahora él insta a los niños a que le descubran el truco, pero al final les da la vuelta y quedan asombrados. Con Blas pasa lo mismo.

“Hay shows donde los niños creen que yo hablo, no Blas; pero, aunque dicen que Blas no habla, se dirigen a él porque en el fondo Blas es un personaje real”.

Señala que también pasa con los adultos: “Un día lo dejé en la cama, y la muchacha que nos ayudaba en el servicio no hizo la cama. Le pregunté por qué y respondió que porque estaba el muñeco y no se quiso quitar. Allí me di cuenta que algo había”.

A quien le dio más trabajo convencer fue a su familia. “El peor público que puedes tener, con todo respeto lo digo, es la familia. Me decían ‘ya deja tu muñequito, se te nota’”, admite.

Con sus hijos, sin embargo, la historia fue diferente y todo por el primer show que dio para el mago Chen Kai, originario de Yucata´n.

“Era yo muy joven y el mago Chen Kai me habló para hacer un show para sus hijas. Le pregunté por qué no lo hacía él, y me dijo: ‘Es que ya me vieron mucho y para ellas ya no tiene ilusión’. Yo tenía 15 años y dije que cuando me casara y tuviera hijos no permitiría que dijeran: ‘Mi papá ya no’. Entonces, cuidé mucho que no lo conocieran (a Blas) hasta los cinco años”.

“Sí me veían en la tele, pero nunca me vieron en vivo con el Conejo Blas hasta mucho después, aunque cuando tenían un año les tomé fotos con el conejo, y se sorprendieron al descubrir que lo conocieron desde antes”.

Acerca de si hay algún truco que años atrás no pudo hacer pero que la tecnología actual ya le permite realizarlo, el mago responde que no hace magia para impresionar o para que digan que tiene poderes superiores.

“A mí me gusta divertir con la magia, y creo que he logrado hacer todo. Más bien, el deseo que tengo desde hace 30 años es hacer una serie animada con el Conejo Blas, que Blas se desprenda de mí tantito (…) Hace 30 años se me ocurrió y fui a una empresa que hacía caricaturas a $500 en aquel tiempo cada segundo…. Hacer la secuencia de que Blas se bajara de la silla era un dineral, y nunca lo pude hacer. Ahorita con la computación y más chavos aprendiendo animación creo que vamos a lograr algo”.

Respecto a los grandes espectáculos que ilusionistas como Chris Angel y David Copperfield llevan al cabo, el Mago Frank no se va con rodeos.

“Han contribuido y han echado a perder la magia porque abusan del truco de cámara. No hablo de Copperfield, él es el único que respalda lo que hace en el escenario y lo que hace en sus Tik Toks y sus redes, pero magos como Chris Angel.., tú vas a verlo y no hizo nada: no voló, no partió a la mujer… Entonces ¿por qué hacen algo con truco de cámara cuando no lo pueden respaldar en el escenario? Pero la gente se queda con eso, y dice éste sí es mago y tú no, cuando el mago es el camarógrafo. Son pocos los magos que lo que hacen maravilloso lo respaldan en el escenario”.— JORGE IVÁN CANUL EK

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