En pleno siglo XXI, al terminar 2022 y en espera del nuevo año, es momento de considerar que estamos viviendo en un mundo convulsionado por la violencia, la desintegración familiar y los problemas sociales y económicos. Por lo anterior, el valor y la importancia de la familia surge como una luz en el firmamento.
Un ejemplo y enseñanzas que podemos seguir es de la Sagrada Familia de Nazaret, de María, José y Jesús.
¿Cómo era la Sagrada Familia? José era carpintero y Jesús le ayudaba en sus trabajos. María se dedicaba al hogar y Jesús ayudaba acarreando el agua del pozo. Él aprendió a trabajar y a ayudar a su familia con generosidad. Él siendo el Todopoderoso obedecía a sus padres, confiaba en ellos, los quería y ayudaba.
Las familias de hoy deben seguir este ejemplo que nos dejó Jesús tratando de imitar las virtudes que vivía la Sagrada Familia: sencillez, bondad, caridad, amor, laboriosidad y humildad.
La familia debe ser una escuela de virtudes, es el lugar donde crecen los hijos, donde se forman los cimientos de su personalidad para el resto de su vida y donde se aprende a ser buen cristiano. Es en la familia donde se formará la personalidad, inteligencia y voluntad del niño. Ésta es una labor hermosa y delicada. Es necesario recordar que esa labor se hace con amor y cariño.
La familia es la primera comunidad de vida y amor, es el primer ambiente donde el hombre y la mujer pueden aprender amar y a sentirse amados.
El Niño Jesús con su madre María y con José son ejemplo familiar, pero sobre todo son la luz que irradia amor y misericordia; son luz para toda persona y para cada familia. Esta luz que viene de la Sagrada Familia nos anima a ofrecer calor humano en aquellas situaciones familiares y que, por diversos motivos, falta la paz, la armonía y el perdón.
Volvamos la mirada a Jesús, a María y a José e imitemos sus virtudes y valores, así como también elevemos una oración por nuestra familia y por las necesidades de todas las familias.
Matrimonio con 42 años de casados.
