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“La Méridienne” invita a practicar el juego francés

miércoles, 22 de junio de 2022 · 01:30

Para algunos es un juego pero para otros es todo un deporte. Originaria de Marsella, en la región sur de Francia, donde es toda una tradición, poco a poco gana adeptos en Mérida la petanca, que pone a prueba la precisión, destreza e incluso suerte de quien la practica.

Su esencia es un poco una mezcla de las clásicas canicas, la rayuela y el golf: el jugador lanza una bola metálica buscando que llegue lo más cerca posible de un punto determinado, sin pasarse ni salirse del perímetro.

El juego, en el que se puede participar en forma individual, por parejas o por tercias, se caracteriza por favorecer la socialización.

En los últimos años en Mérida ha crecido el número de personas interesadas en la petanca, gracias en buena medida al aumento de residentes de origen francés. Geneviéve Lacheze, conocida como “Madame Petanca”, llegó a radicar en 2008 a la capital yucateca, donde desde entonces promueve la disciplina, que ha cautivado a un público diverso.

La Asociación de Petanca “La Méridienne”, de la cual Lacheze forma parte, es un grupo de promotores del juego que está cerca de convertirse en deporte olímpico y en torno al cual se ha generado toda una industria, pues las bolas con que se practica tiene características especiales.

¿Cómo nació La Méridienne? Todo empezó con un pequeño grupo de estudiantes franceses que, bajo la coordinación de Geneviéve Lacheze, viajó de intercambio a Mérida en 2015. En una muestra de sus tradiciones populares, los alumnos enseñaron a sus anfitriones a jugar petanca.

“Reímos mucho pensando que esto era como el juego de las canicas de nuestra infancia. Así que nos pusimos a jugar como niñas y niños, sin reglas, en una total locura empírica”, recuerda la yucateca Silvia Sosa Castillo, integrante de la asociación.

“En un ejercicio de educación popular, los chicos franceses nos dejaron apropiarnos de las bolas poniendo poco a poco las reglas deportivas. Además, nos compartieron la cultura alrededor de la petanca: películas, vídeos de campeonatos internacionales, música, bebidas, comidas y la fiesta popular”, añade.

“A tal grado llegó nuestro enamoramiento y locura por el juego que una de nosotras se fue a hacer investigación de campo a Marsella, cuna francesa de la petanca”.

Sosa Castillo indica que fue entonces que empezaron a tomar seriamente el juego y armaron una cancha en el jardín de la residencia de Lacheze. “Empezamos a jugar regularmente. Al mismo tiempo, fuimos construyendo lazos colaborativos a través de la petanca”.

La asociación adoptó el nombre de “La Méridienne”, el mismo que Lacheze había dado a su casa de la avenida Reforma en alusión a su cruce del meridiano terrestre para instalarse en México.

“Profundizamos las reglas, las estrategias, las sutilezas del juego y nos fuimos entrenando. Creamos nexos con un club que ya jugaba en Mérida, participamos en torneos interclubes e inclusive algunos crearon su propio club”, recuerda.

Sosa Castillo añade que hay muchos petanqueros en la ciudad. “Desde ‘La Méridienne’ queremos darle más peso adhiriéndonos a la Federación Mexicana de Petanca”, expone.

“Somos una asociación feminista, ya que en otros clubes las mujeres no son tratadas como jugadoras al igual que los hombres. Creemos que la petanca es para todas y todos, por lo tanto nuestra asociación es mixta, privilegiando el juego en equipo”, subraya.

Para jugar primero se delimita una superficie plana, compacta de gravilla fina, polvo de piedra o arcilla. Debe ser lo suficientemente firme para permitir que rueden las bolas de acero.

El campo debe medir no más de cuatro metros de ancho y no más de 15 de largo. En las cabeceras se colocan aros de 30 centímetros de diámetro desde los que lanza el jugador. Al arrojar la bola hay que mantener los dos pies en el suelo y una posición estática. Suelen enfrentarse dos equipos, que pueden ser tripletas, dupletas o individuales.

No hay edad mínima para participar en la disciplina.

Al inicio del juego se lanza una bola pequeña de madera, conocida como boliche, que servirá como punto objetivo y cuya distancia deberán igualar las bolas metálicas. La bola boliche es muy ligera, pesa unos 100 gramos y está pintada de color brillante.

Las bolas de acero tienen en promedio el tamaño de una pelota de béisbol y su peso va de los 600 a los 720 gramos. Llevan grabadas trazos distintivos que sirven para determinar si se trata de una pelota de “aproximación” o de “eliminación”.

Un jugador de aproximación busca acercarse lo más posible al boliche, mientras que el eliminador trata de que su bola golpee y aleje la del adversario.

Las partidas son a 13 puntos, con desempates y ajustes necesarios a los 11 puntos. La bola que queda más cerca del boliche gana un punto para el equipo que la haya arrojado.

Por sorteo se determina el equipo que lanzará el boliche y colocará la circunferencia de lanzamiento, que debe distar al menos un metro de cualquier objeto. El boliche solo se puede lanzar una vez y es necesario que quede a no menos de seis metros ni más de 10 del punto de lanzamiento. A los lados del perímetro del campo suele marcarse el metraje. A veces se necesita usar flexómetros para despejar dudas sobre la cercanía de las bolas de acero con respecto al boliche.

Los lanzamientos se alternan entre los jugadores hasta que cada uno termina de arrojar tres de ellas.— Emanuel Rincón Becerra

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