“Envejecer es el único medio de vivir mucho tiempo”, Daniel Francois Esprit Auber (1782-1871)

Los que tenemos el privilegio de haber llegado a los 70 años hemos sido bautizados como la generación “silver” que, según la Unión Europea, consumió bienes y servicios por el valor de 3.7 billones de euros.

El envejecimiento de la población es uno de los grandes cambios sociales y económicos que se está produciendo hoy a escala mundial.

El deseo de muchos años de una longevidad con buenas expectativas se está realizando y se dice (y se sabe) que el envejecimiento será un importante negocio debido a que, según las estadísticas, en 2050 habrá más mayores de 60 años que menores de 15, lo que significa un reto en el consumismo y, sobre todo, un desafío para los sistemas públicos de salud.

Las previsiones dibujan una sociedad cada vez más longeva, con problemas en el cambio climático y recesiones económicas.

Como consecuencia de todo ello se considera a la longevidad como una fuente de ingresos que tiene dos caras: la primera, ofrecer productos y servicios relacionados con el ocio, el entretenimiento y el envejecimiento activo; y la segunda, está dirigida a personas con mala salud que requieren cuidados y atención sanitaria.

Empresas y fondos inversores empiezan a darse cuenta del enorme filón que es la tercera edad, como ejemplo se podría poner a una universidad en Mérida, Yucatán que tiene —desde hace años— un diplomado para personas mayores con mucho éxito.

Esto me lleva a lo que decía mi padre, que murió a los 93 años: “Hijita es gacho llegar, pero más gacho no llegar”.

Presidenta del Patronato Pro Historia Peninsular de Yucatán.

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