VIENA (EFE).— El erotismo, la violencia y la crítica social que hicieron de la “Salomé” de Richard Strauss una de las óperas más polémicas, y censuradas, hace más de cien años, se renuevan en una versión que estrenó este semana la Ópera de Viena.
Con este montaje, el escenario vienés se despide de la producción que debutó en 1972 y se ha representado en 256 ocasiones.
“Se trata de la historia de un amor prohibido y oculto, imposible. Salomé intenta encontrar y restaurar lo que la sociedad ha destruido en ella”, describe el eje de esta ópera, el director escénico Cyril Teste, quien se hace cargo de su primera producción independiente fuera de Francia.
En “Salomé”, cuyo libreto se basa en un texto que Oscar Wilde escribió en 1891, Richard Strauss narra la historia de la princesa judía, hijastra de un Herodes que la acosa sexualmente, y quien se enamora de Jochanaan, reflejo de Juan el Bautista.
El profeta, encarcelado por Herodes, la rechaza al no ver en ella una joven atractiva sino una “niña traumatizada”, como describe la propia Ópera de Viena el trasfondo psicológico de la obra.
“La razón por la que Jochanaan no la mira es que la mirada de Salomé es portadora de todas las miradas corruptas y depravadas de su entorno”, analiza Teste.
Su venganza ante ese desplante acaba siendo pedir a Herodes la cabeza de Jochanaan, a la que en la escena final le reprocha su falta de atención y acaba besando.
La soprano sueca Malin Byström, quien conoce bien al personaje, manifestó su deseo de que el público no solo vea en su Salomé a una joven destruida que hace cosas terribles, sino también la soledad y la tristeza de una persona traumatizada por los abusos.
“Salomé” se estrenó en 1905 en la ciudad alemana de Dresde, y desató polémica por su interpretación del pasaje y el personaje bíblico como una niña impulsada por el deseo erótico, pero también por la necesidad de encontrar un amor que nunca había sentido hasta entonces.
La obra estuvo prohibida en Londres hasta 1907 y Gustav Mahler, director de la Ópera de la Corte, no superó la censura.
La obra, que se estrenó en Austria en 1906, no llegó al escenario vienés sino en 1918, siete años después de la muerte del director y compositor.
En este montaje no faltará la famosa danza de los siete velos, en la que Salomé se iba desnudando y que fue tan escandalosa en su época.
El erotismo y la tensión de esa escena se ven reforzados en el montaje de la Ópera de Viena con un elemento sensorial más allá de la vista y del oído: el olfato.
El diseñador de perfumes Francis Kurkdjian creó un aroma especial para las funciones, que será esparcido por la sala mientras Salomé se despoja de sus velos.
“Contamos historias a nuestra manera, cada uno en nuestro idioma. Él es mi ojo, yo soy su nariz”, dijo el perfumista sobre su larga colaboración con Teste.
La dirección musical es de Philippe Jordan. Además de Byström, entre los artistas protagonistas están Gerhard Siegel, como Herodes; Michaela Schuster, Herodías, y Wolfgang Koch, Jochanaan.
Tras el estreno, la nueva versión de “Salomé” se representará otras ocho veces en esta temporada y quedará incorporada al repertorio de la Ópera de Viena en lugar del montaje de 1972.
