MADRID (EFE).— El primer año de observación interestelar del telescopio James Webb está aportando nuevos datos de viejos conocidos.
Un equipo científico captó por azar la explosión de una supernova en una galaxia espiral lejana, la NGC 1566, también conocida como “la bailarina española”.
El estudio ofrece nuevas mediciones en infrarrojo de una de las galaxias más brillantes de nuestro vecindario cósmico, informó ayer la Universidad Estatal de Ohio. Los resultados se publicaron recientemente en “The Astrophysical Journal Letters”.
A unos 40 millones de años luz de la Tierra, el centro extremadamente activo de esta galaxia la ha hecho especialmente popular entre los científicos. En la nueva observación, los investigadores pudieron medir una supernova de tipo 1a —la explosión de una estrella enana blanca de carbono-oxígeno—, que fue detectada por casualidad mientras estudiaban la NGC 1566, explica Michael Tucker, del Centro de Cosmología y Física de Astropartículas de la casa de estudios estadounidense.
El análisis fue posible gracias al programa Phangs-JWST, que, debido a su amplio inventario de mediciones de cúmulos estelares, sirvió para crear un conjunto de datos de referencia.
Mediante el análisis de las imágenes tomadas del núcleo de la supernova, Tucker y Ness Mayker Chen pretendían investigar cómo se emiten ciertos elementos químicos al cosmos circundante tras una explosión.
Elementos ligeros como hidrógeno y helio se formaron durante el Big Bang, pero los más pesados solo pueden crearse mediante las reacciones termonucleares que tienen lugar en el interior de las supernovas.
Cuando una supernova explota, se expande y, al hacerlo, podemos ver las distintas capas que eyecta, lo que permite sondear el núcleo de la nebulosa.
Las supernovas emiten fotones radiactivos de alta energía, gracias a un proceso llamado desintegración radiactiva, en el que un átomo inestable libera energía para volverse más estable.
El reciente estudio se centró específicamente en cómo el isótopo cobalto-56 se desintegra en hierro-56.
Utilizando los datos de la cámara de infrarrojo cercano e infrarrojo medio del James Webb, los investigadores descubrieron que más de 200 días después del acontecimiento inicial las eyecciones de la supernova seguían siendo visibles en longitudes de onda infrarrojas que habrían sido imposibles de obtener desde la Tierra.
“Éste es uno de esos estudios en los que si nuestros resultados no hubieran sido los esperados habría sido realmente preocupante”, dijo Tucker. “Siempre hemos supuesto que la energía no escapa de las eyeccciones, pero hasta el James Webb era solo una teoría”.
Este estudio valida casi 20 años de ciencia. “Es realmente prometedor que estemos logrando este tipo de ciencia y con James Webb hay una buena probabilidad de que no solo seamos capaces de hacer lo mismo para diferentes tipos de supernovas, sino que lo hagamos aún mejor”.
