MADRID (EFE).— “La soledad es un drama cuando no es buscada, sino impuesta”, confiesa el novelista argentino Federico Falco, autor de “Los llanos” (editorial Anagrama) y quien nunca se hubiera imaginado que llegaría ese “aislamiento obligado” por la pandemia.

Falco (Córdoba, 1977), considerado uno de los escritores argentinos contemporáneos más relevantes, participó en la Feria del Libro de Madrid firmando ejemplares de su obra en el espacio que tiene allí la librería de literatura latinoamericana Lata Peinada.

El escritor publicó en el año 2020 “Los llanos”, finalista del Premio Herralde de Novela y en la que cuenta la historia de un hombre que se traslada a una casa rural del interior de Argentina con su huerta como única compañía, queriendo superar una ruptura amorosa.

“Me interesaba el desafío de narrar un momento en que uno no tiene control de lo que sucede y donde lo que sucede es microscópico. Cuando atraviesa un duelo no tiene forma de controlar cuándo empiezan y acaban las cosas”, señaló.

Además, explicó que el libro lo escribió antes de la pandemia y que nunca se hubiera imaginado que acabaría conociendo algo similar a lo que le ocurre al protagonista”.

Sobre la afirmación que hacen muchos expertos de que la soledad es la epidemia de nuestro siglo, el argentino aclara que “la soledad es un drama cuando no es buscada sino impuesta, cuando uno no la elige”.

“La soledad puede ser muy productiva para ciertas personas, cuando piensas ‘no quiero ver a nadie por cierto tiempo, este tiempo es para mí’. A veces estamos tan abrumados por gente, mensajes, redes sociales… que a veces es bueno volver a uno mismo, conocerse”, explica.

De hecho, en la novela habla sobre la separación de conceptos que existen en inglés entre “solitude” que es ese sentimiento de sentirse solo, incluso aunque estemos rodeados de gente, y “loneliness”, que es esa soledad deseable, ideal para la contemplación, la meditación y la introspección.

Falco decidió situar la novela en la provincia argentina de La Pampa, que en quechua significa literalmente “llanura” y cuya densidad poblacional es la segunda más baja del país con 2.2 habitantes por kilómetro cuadrado, comparado con los 14,450 de capital federal.

“Me interesaba hablar de un personaje que trata de aislarse y en ese sentido la Pampa era un buen lugar para hacerlo, por las distancias, por el mismo paisaje, todo queda bastante lejos y es bastante fácil no encontrarse con gente si uno no quiere”, expresa el escritor.

Además, enfatiza que su objetivo fue hacer un paralelismo entre esa “llanura emocional” del protagonista y cómo eso se veía reflejado en ese paisaje “monótono” donde uno puede andar kilómetros y nada cambia.

“Es verdad que es una zona más desconocida para el extranjero porque, cuando uno piensa en la Argentina piensa en las Cataratas de Iguazú o en la Patagonia. No hay tanto atractivo turístico en la Pampa ya que es una gran llanura solitaria”, indica.

Para el argentino, este escenario es el mejor para plasmar esa “paralización del tiempo” y es que, como indica al inicio de la novela, “en la ciudad se pierde la noción de las horas del día, del paso del tiempo, pero en el campo esto es imposible”.

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