EL CAIRO (EFE).— Ocho mujeres marcaron la vida y obra de Pablo Picasso, musas que quedaron en segundo plano y que ahora la coreógrafa española Libertad Pozo pone en primera línea con el espectáculo de danza contemporánea “Picasso, las mujeres que bailaron su vida”, que presentará hoy en el Instituto Cervantes de El Cairo en el marco del 50o. aniversario de la muerte del artista malagueño.

Con esta coreografía, Pozo quiere “nombrarlas, poner nombre a esas musas porque, además de ser fuente de inspiración, nunca han aparecido sus nombres en muchas de las obras que vendió Picasso”, según dice.

Este año se cumple medio siglo de la muerte del pintor malagueño y a la coreógrafa española le parece “un poco cojo” que se conmemore “sin mencionar a estas mujeres”, por la influencia que ejercieron en su producción.

Jacqueline Roque, Fernande Olivier, Eva Gouel, Olga Khoklova, Francoise Gilot, Marie-Thérèse Walter, Dora Maar y Geneviéve Laporte protagonizaron centenares de pinturas cada una y ahora la extremeña las devuelve a la vida con un equipo de bailarinas de la Academia de Danza Cairo Contemporary Dance Center (CCDC), dirigida por Karima Mansour.

La chispa que dio luz a este espectáculo surgió cuando Libertad Pozo se topó con el libro “Las mujeres detrás de Picasso”, de Eugenia Tenenbaum, y conoció sus biografías, en las que “compartieron relaciones amorosas con el pintor y le sirvieron de fuente de inspiración”.

A partir de ahí comenzó una investigación personal con la que conoció el maltrato que las mujeres sufrieron a manos del renombrado pintor. “¿Se debe separar la obra del autor si éste es un maltratador?”, recuerda Pozo que fue una cuestión que cobró fuerza a raíz del movimiento MeToo, que expuso los abusos cometidos por hombres poderosos en diversas industrias culturales y empresariales.

Para dar respuesta a esta pregunta, la coreógrafa propone utilizar “el arte para generar espacios de diálogo y reflexión más que señalar con el dedo, lugares de cuestionamiento, sobre todo en marcos educativos, para poder tratar temas como la violencia de género”.

Sobre la violencia contra las mujeres, Pozo considera que “lamentablemente es algo universal” de lo que poco a poco se va adquiriendo la concienciación que requiere, y se pregunta “si en España se tapa más que en Egipto” o si hay “más tabúes y complicidad a la hora de abordar este tema”.

Tratar cada uno de los perfiles y su relación con Picasso no fue fácil y el proceso de creación artística contó con medidas imaginativas: “Cada bailarina, cada músico eligió un cuadro, el que quisieron, y lo tuvieron pegado durante todo el proceso creativo para que se identificaran con la obra y conocer a la protagonista”.

“Fue una forma muy bonita de conocer también al equipo. Hubo bailarinas que escogieron el mismo cuadro, ‘Las señoritas de Avignon’, pero cada una escogió momentos muy diferentes, con interpretaciones individuales con las que después hicimos un trabajo que surgió desde lo colectivo”, explica.

Libertad Pozo espera que el espectáculo vaya más allá de las tablas cairotas y pueda presentarlo en otros escenarios en los que compartir esta reflexión y dar el lugar que se merecen estas ocho mujeres mucho más que musas.

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