“A nosotros, los obispos, los sacerdotes y los diáconos, al igual que a San Agustín, debería asustarnos la gran responsabilidad que implica nuestro ministerio”, dijo el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, durante la misa de acción de gracias por su 43o. aniversario de ordenación sacerdotal y 22o. episcopal, celebrada en la Catedral.

Sin embargo, “también debe consolarnos que somos constantemente objetos de la misericordia divina y llamados al reino celestial”, añadió.

El prelado agradeció a todos su presencia por acompañarlo en esta fecha importante. “Vine a darle gracias al Señor por su inmensa bondad y misericordia, en particular para con un servidor al elegirme para este ministerio santo, a pesar de todos mis pecados y defectos y concederme la vida y la perseverancia en esta vocación.

“No hay mayor regalo que la gracia bautismal y todo lo demás que de la vida cristiana se deriva de aquella pila, donde fuimos insertados en este pueblo santo que es la Iglesia”.

Intenciones de la misa

Monseñor Gustavo Rodríguez indicó que el padre Juan Enríquez Reyes, uno de sus compañeros de ordenación sacerdotal, ya fue llamado por el Señor a su reino y “lo quiero incluir en las intenciones de esta misa”.

Su otro compañero, el padre José Guadalupe Olivares Gámez, ahora se encuentra enfermo y en reposo en Monterrey, Nuevo León. “También quiero encomendarlo pidiendo por su salud”.

Recordó que al cumplir 40 años de ministerio sacerdotal “quise celebrarlo de un modo singular, pero no me fue posible a causa de la pandemia, la cual nos hizo recordar lo caduco que somos todos y cómo nadie tiene la vida segura.

“Yo admiro a todos mis sacerdotes en Yucatán que saben darle su importancia a sus aniversarios año tras años, pues eso es un indicativo de lo mucho que aman su sacerdocio”, dijo.

El prelado también admira a todo el pueblo de Yucatán, porque “es un pueblo muy religioso y particularmente mariano: aquí por ejemplo sería prácticamente imposible celebrar una ordenación o un aniversario sacerdotal el día de la Candelaria, de la Encarnación, de la Asunción o de la Inmaculada porque la mayoría de las comunidades están concentradas celebrando a María, aun teniendo otro santo patrono.

“Así, durante ocho años he sido evangelizado por todos ustedes en lo que significa amar a María Santísima”.

Recordó que solo María ha sido elegida para que el Verbo de Dios habite en su seno, “pero Jesús nos enseña que todos, mujeres y hombres, podemos ser dichosos si escuchamos la palabra de Dios y la ponemos en práctica”.

Monseñor Gustavo Rodríguez Vega pidió al pueblo continuar orando por sacerdotes y obispos.

También le rezó a la Virgen para que interceda por un mayor número de vocaciones al sacerdocio, al diaconado y a la vida consagrada.

El Arzobispo celebró con los obispos auxiliares, monseñores Pedro Mena Díaz y Mario Medina Balam, y medio centenar de sacerdotes y diáconos permanentes.

El prelado pronunció unas palabras en maya al inicio de la misa. Al concluir la ceremonia hubo un convivio con los integrantes del presbiterio.

El arzobispo Gustavo Rodríguez Vega nació el 7 de marzo de 1955 en Monterrey.

Recibió el orden sacerdotal en la Basílica de la Purísima Concepción, el 15 de agosto de 1980 y antes de ser obispo desempeñó diversas funciones, como la de maestro del Seminario de Monterrey.

El 27 de junio de 2001 fue designado obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Monterrey por el papa Juan Pablo II, hoy santo, y fue consagrado el 14 de agosto de de ese mismo año, en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe de Monterrey.

El 29 de julio pasado cumplió 8 años al frente de la Arquidiócesis de Yucatán como su quinto arzobispo.— CLAUDIA SIERRA MEDINA