En días pasados tuve la oportunidad de asistir a la ponencia ofrecida por la maestra Eugenia Montalván Colon en el marco del cuarto ciclo de conferencias ofrecidas por Prohispen, llamado “Mujeres en nuestra historia”.

Con el título “Beatriz Peniche Barrera, al morir la tarde”, la ponente nos fue llevando por pasajes de la vida de esta gran mujer, tanto por su activismo, su obra literaria como su trayectoria política, esta última plasmada en las páginas de nuestra historia, al ser una de las tres mujeres en ocupar un cargo de elección popular junto con Elvia Carrillo Puerto y Rosa Torre González.

Mujeres de temple y carácter decidido que se arriesgaron y apostaron todo por sus ideales, convencidas de que la participación femenina daría lugar a un equilibrio verdadero dentro de los círculos políticos. Si bien su designación fue un parteaguas en el siglo pasado, tuvieron que pasar muchos años para que el sufragio de las mujeres se convirtiera en una realidad y pudieran participar activamente en cargos públicos de relevancia.

A lo largo de los años hemos sido testigos del esfuerzo para lograr un verdadero reconocimiento, intentando dejar atrás prejuicios que atentaban contra nuestra dignidad, reputación e integridad, pues pareciera que debíamos demostrar todo el tiempo nuestra capacidad intelectual y moral para ser merecedoras de la posición que ocupamos en la sociedad como empresarias, trabajadoras o servidoras públicas.

Hoy día nos encontramos ante una de las situaciones más vergonzosas de nuestra historia donde diputados, senadores y otros actores de la política brincan de un bando a otro dejando muy claro que lo que los mueve es el ego y los intereses económicos, importándoles un bledo el bienestar de quienes confiaron en ellos otorgándoles el voto. Los personajes antes mencionados siguen legislando ahora bajo otros colores opuestos a la ideología que profesaban.

Sus aspiraciones de poder rebasan el verdadero espíritu de servir y, mientras unos llenan sus bolsillos, otros usan sus influencias para aplicar para trabajos ya sea en México o el extranjero, para “asegurar su futuro” vendiéndose al mejor postor y para vivir sus últimos días en el exilio, dejando atrás sus supuestas convicciones de transformación.

Es momento de hacer leyes donde la persona electa represente a su partido hasta que sea relevado en la siguiente elección o de otra forma se retire con la frente en alto sin seguir cobrando un peso del presupuesto, que al fin y al cabo todos pagamos con nuestros impuestos.

Éste sería un excelente termómetro para medir el compromiso a la hora de contender por un lugar cuya vocación sea la de velar por los intereses de los ciudadanos. Mujeres, acudamos a las urnas y honremos la lucha de las que nos antecedieron, dando el ejemplo en nuestro hogar, trabajo y entorno, demostrando el poder de nuestro género. Sufraguemos con libertad, sentando precedente de civismo y coherencia.

Y así como doña Beatriz Peniche Barrera percibía la equidad como dos columnas que sostendrían la vida futura, caminemos en el presente con un rumbo definido para construir una gran nación participativa y propositiva. ¡Es nuestra hora!

Licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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