Por Jorge Razú Dájer*
En los últimos meses, veinte, para ser precisos, he sido testigo de cómo un buen cristiano se preparó para su viaje al cielo.
El último viernes de enero del 2022, Jorge Auais Dogre (amigo primero y luego mi primo político, al casarse con mi prima) me habló por teléfono y me dijo que tres días antes le habían encontrado un tumor en el colon y que se había extendido al hígado y al pulmón, le habían diagnosticado Cáncer de Colon Etapa 4, es decir Etapa Terminal, y me pedía que lo ayudara pidiendo por él.
Al principio pensé que esa llamada era una broma, pero luego de hablar brevemente con mi esposa, nos dimos cuenta que era en serio.
Lo primero que se me ocurrió fue mandarle mensajes a los sacerdotes que conocía, diciéndoles lo que me acababa de informar Jorge. Mons. Jorge Carlos Patrón Wong, Jorge Menéndez, el padre “Manito”; Antonio Escalante, Jorge Herrera, todos ellos inmediatamente se comunicaron con él.
Jorge había dicho públicamente que era muy grande el problema que tenía y que no lo podía controlar y decide pasarle a Dios el problema, le dijo “ayúdame tú que yo no puedo con todo esto”.
Siendo él una persona muy abierta, alegre, amistosa, generosa, que le gustaba estar rodeado de sus familiares y amigos, decidió que seguiría con la vida que siempre había tenido, es decir, no se iba a guardar, ni retraerse para atender la enfermad, sino más bien compartir su enfermedad con todos.
Quiero aclarar que en la etapa que estaba la enfermedad, lo primero que le ofrecieron los doctores fue “quédate en tu casa y disfruta a tu familia”, y él dijo “¿y no puedo atenderme y disfrutar a mi familia y amigos?”; y así lo hizo, decidió seguir los tratamientos médicos, pero al mismo tiempo, mientras se sintiera bien, seguiría haciendo lo que siempre hacía, salir con su familia y amigos, viajar si tenía la oportunidad de hacerlo, aceptar invitaciones para convivir con los que lo rodeaban en su vida diaria, incluso dando pláticas en retiros y grupos de apostolado, donde hablaba de como acercarse a Dios a través de la enfermedad.
Oraciones
Al mismo tiempo que anunciaba su enfermedad, también le pedía a la gente que rezara por él, y un grupo de amigos muy cercano (los Hermanos Martínez Septién), deciden compartir un Rosario que hacían todos los jueves por todas las personas enfermas y que hacían por Zoom desde la pandemia de Covid-19, y le ofrecen pedir un milagro para él.
El Rosario comenzó a finales de enero a las 9 p.m., sería todos los días, y diferentes personas o familias rezarían los misterios. Al final Jorge y su esposa María Rosa agradecerían a las personas que dirigían el Rosario y aprovecharían para informar de los tratamientos.
El Rosario trasciende con el paso de las semanas, muchas personas se conectaban todos los días, había días que llegaba a más de 150 personas conectadas al mismo tiempo. El Rosario se extiende para cualquier persona que tuviera alguna enfermedad o alguna necesidad muy especial, también se pediría por la Beata Dina Belanger (monja francesa de la Congregación de Jesús María), para pedirle el milagro de la curación de Jorge, y también para todos los que se encomendaran a ella.
El Rosario se volvió una comunidad en la que todos participaban y cada semana entraban nuevas personas pidiendo por personas que acababan de ser diagnosticadas también con problemas de salud, en especial de cáncer.
En todos estos meses, ininterrumpidamente, se fue rezando el Rosario. Jorge cada 15 días recibía su tratamiento de quimioterapia y le fue relativamente bien durante 19 meses, no tuvo efectos secundarios a pesar de recibir más de 40 tratamientos y pudo llevar una vida normal en todo ese tiempo, incluso se involucró en la salud de otras personas, y les daba ánimos, los mantenía en la fe y en la esperanza de la curación, hacía colectas para recaudar fondos para alguna persona que estaba corta de dinero para sus tratamientos y no tenía seguro, pedía donación de sangre en otras ocasione; realmente era un enfermo que quería cuidar a otros enfermos como él.
Desde la década de los años 80, Jorge Auais y Abraham Razú fundaron y expandieron el Grupo de Valores Humanos y Cristianos de la Iglesia de María Inmaculada y atendieron a muchísimas generaciones de adolescentes y jóvenes. Jorge también fue maestro del Centro Universitario Montejo (CUM) de 3o. de Preparatoria durante muchos años, y estar en el Grupo de VHC y ser maestro del CUM lo hizo una persona muy cercana y muy conocida entre muchos jóvenes, muchos años después, serían los que más animarían los Rosarios que iniciaron hace casi 20 meses.
Jorge Auais, durante el curso de su enfermedad y cuando las personas le llamaban para desearle que se pusiera bien, el les pedía a cambio “confiésate, comulga, visita al Santísimo, anda a misa….. así es como me puedes ayudar”, utilizó su enfermedad para acercar a las personas a Dios.
También hay que decirlo, él estaba consiente que aunque se pidiera el milagro a la Beata Dina Belanger y “chantajeándola” de que ayudara con el milagro para volverla Santa, la última decisión era de Dios.
Durante 19 meses le fue bien, pero el último mes de octubre, le dijeron que ya no funcionaban las quimios y el cáncer en los pulmones, que había estado contenido, volvía a expandirse. Sus problemas respiratorios aumentaron, utilizaba oxígeno también en estos últimos meses y cuando recibió el nuevo tratamiento su cuerpo ya no aguantó y empezó a debilitarse y a dejar de alimentarse como lo hacía antes. Durante los últimos días de octubre y principios de noviembre se le diagnosticó una neumonía y los doctores decidieron ingresarlo para hacerle más estudios y saber porqué estaba tan baja su oxigenación; luego de los estudios le dijeron que solo le funcionaba el 5% de los pulmones y que solo le quedaban un par de días a lo máximo. La doctora que lo atendía con las quimios fue sincera con él, le dijo que lo mejor era sedarlo para que se fuera tranquilo y sin sufrir.
Su esposa María Rosa, el 1 de noviembre le pide al menos unas horas, antes de que empezara la sedación permanente, para que se pudiera despedirse de su familia y amigos.
Y ahí viene el título de esta nota, cuando llegué al hospital, a las 11 p.m., me encontré con una imagen surrealista: las personas entraban al cuarto animadas por su esposa para despedirse de él, y lo que encontraban era lo más distinto a lo que te pudieras imaginar de un moribundo a punto de partir. Él, sentado en su cama, te recibía con una sonrisa de oreja a oreja y te decía dos o tres palabras dedicadas a ti en la forma como se llevaba contigo, lo veías alegre, feliz, listo para irse con Dios.
En los pasillos del hospital no encontrabas a ninguna persona llorando o lamentándose de que ya se nos iba, era de no creerse lo que estábamos viendo, una fortaleza y una fe no vistas.
Tuve la oportunidad de comunicarme con Mons. Patrón Wong, que estaba llegando a Mérida para una Reunión con el Club Serra en el Seminario de Mérida, y le dije si quería que lo conectara a través de una videollamada, para que pudiera despedirse de él. Lo que encontró al conectarse lo admiro en demasía, luego de que lo saludó Mons. Patrón, Jorge le respondió con una gran sonrisa y le dijo “Ya estoy listo para irme a la Casa del Padre”.
El miércoles 1 de noviembre pasado, Día de todos los Santos, en el 4o. piso del hospital, me encontré con una “locura espiritual”: Jorge Auais Dogre estaba en la sala de espera VIP para tomar su vuelo al cielo al día siguiente. El jueves 2 de noviembre, Día de Todos los Santos, ya estando sedado, muchas más personas llegaron para despedirlo. A las 7:25 p.m., Jorge partió a la Casa del Padre. Al día siguiente, en la misa de cuerpo presente, en una iglesia rebosando de gente, Mons. Patrón Wong dijo, principalmente, “en toda mi vida como sacerdote, Jorge ha sido la única persona que me he encontrado antes de partir que estaba feliz y alegre por el momento que le estaba tocando”.
La misa de cenizas será hoy, en Nuestra Señora de Líbano, a las 9 p.m.

Que hermoso,lo que la verdadera Fé hace.
En gloria esté mis condolencias