La fotógrafa Cristina García Rodero con el reconocimiento que recibió de Seminci, en octubre pasado
La fotógrafa Cristina García Rodero con el reconocimiento que recibió de Seminci, en octubre pasado

VALLADOLID (EFE).— Más de cincuenta años lleva Cristina García Rodero detrás de la lente de las cámaras y no se cansa de aprender, lo que hará, puntualiza, “hasta que el cuerpo me lo permita”.

La fotografía “nace en el corazón y en la inteligencia”, manifiesta.

García Rodero, única profesional española que forma parte de la Agencia Magnum, analiza su carrera, con motivo de la cual recibió un homenaje en la reciente Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) con la proyección de un documental dedicado a su figura, “La mirada oculta”, dirigido por Carlota Nelson.

El fruto de esa combinación entre el corazón y la inteligencia, dice, “es la mirada” que capta una parte de la realidad, “pero para ello se necesita intuición, rapidez, saber moverte, estar atento a todo lo que pasa: es la sabiduría del día a día”.

“Nunca se deja de aprender se tenga la edad que se tenga. Hay que vivir la experiencia para que la obra mejore siempre”, e insiste sobre un concepto, el perfeccionismo, que ahora aplica al cierre de muchos proyectos abiertos, “más que abrir otros”, aunque siempre “desde la libertad: no hay que escatimar con el tiempo ni la calidad del material”.

El resto es cuestión de la persona porque “una buena foto es un conjunto de muchas cosas” en las que caben, además del material y la disponibilidad, “mucha dosis de emoción, compromiso y capacidad de transmisión”.

Del rollo a la tarjeta digital, del blanco y negro al color, atrás quedan cinco décadas de una trayectoria distinguida con los principales galardones (World Press Photo, PHotoESPAÑA y Nacional de Fotografía), una amplia nómina a la que se agregó el Premio a la Creación Artística del Seminci.

“La España oculta”

“Cuando empecé a hacer reportajes en 1973 no había escuela ni nada, dependíamos de la generosidad de los compañeros y estudiábamos la fotografía documental y humanista de los maestros (Eugene Smith y Cartier-Bresson). Me alejé del color y me hice más pura en el lenguaje”, rememora.

De aquel entonces data el libro “La España oculta” (1989), un viaje a las entrañas del país a través de sus costumbres, tradiciones y creencias, de un delicioso sabor etnográfico que concluyó después de quince años de trabajo: “A nadie le interesaban las fiestas, la cultura popular… se avergonzaban de ella, cuando es una sabiduría resultado de siglos”.

Era la década de 1970. Atrás quedaba una infancia y adolescencia en Puertollano. Se licenció en Bellas Artes y comenzó a dar clases de dibujo y pintura que le permitían, en días sueltos y fines de semana, comprar material, viajar a pequeños pueblos y alojarse en casas de huéspedes para documentar “La España oculta”.

Con todo ese bagaje a sus espaldas, cree que la fotografía en España “no se ha sabido valorar hasta hace bien poco, pero tampoco se invierte y se cuida tanto como en Francia, Alemania, Holanda e Inglaterra, donde hay muchas galerías y un respeto extraordinario”.

La reportera recibió de joven clases del aclamado pintor español Antonio López. Sin embargo, su paleta “es la realidad” de donde toma todo lo necesario, ya que el reportaje “es una escuela de vida, una forma de relacionarte con los demás” que a veces coincide con el periodismo y otras no tanto.

Ser mejor

“Sigo soñando con mejorar, meterme donde no me llamen sin poner en riesgo a nadie, no bajar la guardia nunca, estar atentos siempre porque la fotografía salta donde menos se le espera”, añade la fotógrafa, “autodidacta gracias a la práctica y a los consejos de los compañeros”.

Además de su legado, García Rodero traslada los valores como la honestidad, el compromiso, la calidad y la capacidad de superación, dado que en su opinión “querer es poder” y ella está “aún llena de vida”.

De todo ello habla en “La mirada oculta”, filme que protagoniza y en el que Carlota Nelson aborda su medio siglo de trayectoria. Se estrenó fuera de concurso en la 68a. edición del Seminci el pasado octubre. “Hago el trabajo que amo, no por obligación”, concluye.

Fotógrafa Mirada personal

Cristina García Rodero recibió homenaje con la proyección de su documental.

Composición

En su opinión, “una buena foto es un conjunto de muchas cosas”. El resto es cuestión de la persona.

Emociones

Además del material y la disponibilidad, la fotografía requiere de “mucha dosis de emoción, compromiso y capacidad de transmisión”.

Sigue soñando

A pesar de una extensa trayectoria tras las lentes, García Rodero sigue soñando con mejorar en su desempeño, porque las fotografías surgen inesperadamente.

Autodidacta

Es una profesional “autodidacta gracias a la práctica y a los consejos de los compañeros”.

Apasionada de su trabajo

Recalca que todo lo que lleva al cabo es porque ama su trabajo y no porque se siente obligada.

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