CIUDAD DE MÉXICO (El Universal).— Las piñatas son una de las partes más esenciales en este mes. Y es que con la llegada de diciembre se acercan las posadas, y sin ellas no se puede cumplir dicha tradición mexicana.
En su interior podemos encontrar dulces típicos y frutas como: naranjas, mandarinas, tejocotes, cañas, entre otros.
Pero no solo en las posadas podemos ver esta creación hecha de cartón, periódico y engrudo, sino también en algunas fiestas infantiles.
¿Cuál es el origen de las piñatas en México?
De acuerdo con la página web del Gobierno de México, las piñatas tienen su origen en “el exconvento de San Agustín, en Acolman, Estado de México, donde hace más de 400 años la primera piñata vio la luz tal y como la conocemos hoy en día, aunque de diferentes tamaños y figuras”.
La piñata tradicional está hecha de barro y de siete picos, que simbolizan los siete pecados capitales como la pereza, la gula, la envidia, la ira, la lujuria, la avaricia y la soberbia.
El palo que se utiliza para romperla representa la fuerza para luchar contra el mal, y los dulces y frutas, que caen al romperse representan los bienes obtenidos.
Aunque existe otra teoría. De acuerdo con Marco Polo, en su libro “Il millione”, el origen de las piñatas se debía al Año Nuevo Chino, y su forma original representaban animales. Esta tradición viajó a Italia y, por último, llegó a México, donde los frailes la utilizaron para evangelizar.
Piñatas artesanales
Los rebozos han perdido interés, al menos eso piensan las mujeres que se dedican a su tejido artesanal en los telares de Tenancingo, por lo que encontraron una nueva forma de darles vida y es en forma de piñata, otro elemento típico mexicano que en conjunto con la prenda, hacen una atractiva artesanía que está cobrando cada días más fuerza y atracción.
Yolanda Legorreta es una de las integrantes de la Tienda Colectiva, en la que participan 10 personas. El proyecto surgió cuando se dieron cuenta de la necesidad de innovar, pues si bien parece una tarea ardua, el objetivo es colocar nuevos productos en el interés del público.
Cada piñata mide 35 centímetros y tiene un costo de 350 pesos, sirven como esferas que darán un toque distinto, mexicano, con raíces típicas.
Platicó que el rebozo es 100% algodón, se presta para darle la maleabilidad necesaria y que tome la forma deseada.
El alma de estas piñatas es una bola de unicel y cartón, en tanto que se llevan un promedio de 3 horas en cada pieza, desde que trazan el molde, cortan, forran las esferas y los conos de las estrellas.
La artesana indicó que a raíz de la pandemia, la venta de rebozos fue en picada, sobre todo porque no es un producto de primera necesidad, si bien muchos apostaron por la producción de cubrebocas, paulatinamente esa venta también cayó y es ahí en donde encontraron la necesidad de encontrar nuevos productos, llamativos y atractivos.
Este elemento decorativo ha sido bien recibido.
“A la gente sí le ha gustado mucho, hemos hecho envíos a Pachuca, Nuevo León, Oaxaca y esperamos seguir creciendo. Es importante porque el rebozo es muy bonito, es un orgullo que a través de esta prenda nos demos a conocer como municipio y mucha gente sabe de nosotros sólo al ver el rebozo”.
Al día logran realizar cerca de cinco piñatas y todo el proceso es manual, la costura es a mano, medir y peinar los hilos, así como el corte y pegado del material.
