En la hermosa fiesta anual de la solemnidad de nuestra madre Santa María de Guadalupe recordamos el mensaje del Tepeyac que en pleno siglo XXI sigue teniendo actualidad y vigencia para miles de mexicanos.
En diciembre de 1531 se le apareció a Juan Diego y lo nombró su embajador ante el obispo fray Juan de Zumárraga para pedirle que le construyera un templo.
La prueba de que las palabras de Juan Diego eran ciertas fueron las rosas que llevó en su tilma y la preciosa imagen que apareció dibujada en ella.
Toda la historia de Juan Diego y de las apariciones de la Virgen están fundadas en una constante y sólida tradición para los miles de mexicanos.
La Virgen Santa María de Guadalupe le dice a Juan Diego y también a nosotros: “¿No estoy aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo?”.
Pero también según los análisis de la pintura, la Virgen María de Guadalupe lleva a Jesús en su vientre, se digna avecindarse a la colina del Tepeyac para ofrecer a los naturales de Tenochtitlán inicialmente y luego a todas las personas a Jesús, salvador de la humanidad.
La Virgen María abre su corazón de madre a todos los que creemos en Dios, señor del cielo y de la tierra, en el hijo Jesucristo y en el Espíritu Santo; que aceptamos la encarnación, vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús como un llamado y modelo de lo que ha de ser la vida de hombre acorde a la voluntad de Dios.
También los mexicanos tenemos que decirle: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”.
Es necesario recordar que la Conferencia del Episcopado Mexicano ha emitido un documento en preparación para celebrar los 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe al vidente Juan Diego en 2031.
En este mes de diciembre, recordemos y reflexionemos que la Virgen de Guadalupe se quedó en nuestra Patria para que nosotros recurramos a ella, que nos sabrá escuchar como una verdadera Madre.
Abogado y asesor jurídico.
