Hola a todos. Arrancamos este 2024 con todas las energías después de haber tenido un final de año medio accidentado, ya que fui víctima de una gastroenteritis severa por la ingesta de algún alimento mal preparado o mal cocido, con la consecuencia de que quedé fuera de circulación. Me hospitalizaron y colocaron suero, y estuve muy lejos de casa.
Ya en reposo y luego de las medicaciones, alguien me dijo que era culpa del vino y, la verdad, no había probado una gota de alcohol, lo que me trajo a la memoria un tema del que hace tiempo quería escribirles, sobre los vinos y cómo atacan y defienden a la flora intestinal y a los reflujos causados por algún exceso de comidas o bebidas.
Es importante saber que los vinos aportan una gran carga de suplementos nutricionales y enzimas que el cuerpo utiliza, y pueden reforzar el sistema digestivo.
Claro, como todo, la bebida tiene que ser con medida, el alcohol que recibe el estómago no debería ser superior a dos copas de vino, ya que una cantidad más arriba hace que se comience a concentrar el alcohol que no se metaboliza, aumenta la sensibilidad a la acidez natural del estómago y comienza junto con los jugos gástricos a descomponerse en una suerte de vinagre (que es la mezcla entre el alcohol etílico y el ácido clorhídrico del estómago), que hace que regrese a la garganta en forma de náuseas.
En cantidades moderadas, el alto nivel de antioxidantes del vino hace que pueda regenerar parte de algún tejido dañado y funciona como un buen relajante muscular, capaz de relajar el esfínter, lo que evita que suba el líquido al esófago y a la boca. Por eso es muy importante controlar la ingesta de alcohol, alternándolo con comida no muy pesada, para que absorba parte del alcohol que se bebe y así evitar ese desagradable reflujo gástrico.
Cuando es mayor la ingesta de alcohol, los tejidos del estómago o del esófago comienzan a perder fuerza. Aunado a esto, los ácidos propios del reflujo hacen que se comience a ulcerar o a sufrir alguna perforación el sistema digestivo, con las graves consecuencias que eso conlleva.
Los vinos son producto de una fermentación y en esa fermentación actúan las levaduras vivas, éstas actúan en consecuencia para beneficio del cuerpo, pero en cantidades más elevadas esas levaduras hacen que la bolsa del vientre se hinche y haga que los jugos gástricos tengan mayor campo de acción. Al no tener nada de alimento en el estómago, es decir solamente tener alcohol, la mezcla del ácido clorhídrico y del etílico del vino hace que el daño sea mayor.
Sugerencia
Para este fin de semana, y esperando que los Reyes Magos nos dejen unos buenos vinos en los zapatos, la recomendación será que busquen un buen vino suave, puede ser un rosado o un blanco abocado, uno de la zona de Rueda, España, un pinot noir de cualquier país, o un tinto con características a frutos rojos.
Que disfruten de estos frescos días con una buena plática y recuerden que hay que cuidar el sistema digestivo y nuestra salud; beber una buena copa de vino al día va a proteger nuestro estómago, nuestro corazón y nuestra alma. Quiero compartir esta idea: “A beber moderado, que la vida solo es una”. ¡Hasta la próxima semana y salud!
