Javier Arturo León Pino y Javier Antonio Díaz Manzanero serán ordenados diáconos transitorios los primeros días de la próxima semana
Javier Arturo León Pino y Javier Antonio Díaz Manzanero serán ordenados diáconos transitorios los primeros días de la próxima semana

Javier Antonio Díaz Manzanero y Javier Arturo León Pino jamás pensaron en ser sacerdotes durante su niñez y adolescencia.

Cuando llegó el momento de decidir qué carrera universitaria estudiar, presentaron el examen en la Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Autónoma de Yucatán, el cual aprobaron, pero al final no cursaron la licenciatura en Contaduría al preferir responder al llamado que les hizo Dios e ingresar al Seminario Conciliar.

Ahora, ambos están a unos días de ser ordenados diáconos transitorios, primer grado del orden sacerdotal, en ceremonias que se realizarán la próxima semana en el marco de la fiesta del bautismo de Jesús.

Javier Antonio Díaz Manzanero y Javier Arturo León Pino serán ordenados este lunes 8 en la iglesia de San Juan Pablo II, y el martes 9, en el Inmaculado Corazón de María, respectivamente. Ambas ceremonias comenzarás a las 7 p.m.

En una pausa del retiro espiritual en el que participan, compartieron con el Diario su sentir del próximo paso que darán.

Javier Arturo León quiere ser sacerdote para servir a Dios y a su pueblo. “Tenía una puerta abierta en Contaduría, pero experimentaba un espacio en mi corazón que no se iba a llenar con la carrera”, admitió.

Fue a través del discernimiento con sacerdotes, con su familia, con él mismo y con Dios que descubrió las pautas para mirar lo que el Señor tenía preparado.

“Ingresé al Seminario no para ser sacerdote, sino para descubrir lo que Dios quería para mí; si descubría que esto era para mí, ahí continuaría; si no, me salía contento”, relató. “Al tercer año decidí que quería ser sacerdote y, aunque hubo momentos de dificultad, duda y miedo, el llamado se mantuvo porque el Señor iba poniendo signos que me continuaban invitando a seguir”.

Consideró que el Seminario “me ayudó a fortalecer mi relación con Dios y a perseverar en su llamado que supera mi humanidad, mis caídas y mis pecados”.

Para Javier Arturo, vale la pena decir sí porque el que puede llenar su corazón es Dios, “compartir esto con las demás personas en sus alegrías, en sus tristezas; es una experiencia que vale la pena que la gente pueda exprimentar ser amada por Dios por medio de un instrumento frágil que somos los hombres”.

“Vale la pena llevar a Cristo a los corazones de las personas”, subrayó.

El seminarista opinó que las vocaciones han disminuido porque hay muchos distractores que van quitando la mirada de lo importante: Dios. “(Los distractores) los han puesto ellos mismos, nos hemos hecho menos generosos, más egoístas, porque entregar la vida es, a veces, poner tus proyectos personales a un lado y tratar de seguir el proyecto de Dios”.

Dijo que ya que pronto pasará de ser seminarista a diácono transitorio “está muy emocionado, contento, con un corazón agradecido, descubriendo que todo el camino y el llamado ha sido por iniciativa de Dios”.

“Todavía no me la creo que esto ya va a suceder”, confesó Javier Arturo.

A su vez, Javier Antonio Díaz Manzanero quiere ser sacerdote porque se siente amado por Dios y experimenta la invitación a responder a esta vocación.

Aunque él también tenía la puerta abierta para una carrera universitaria, “fue más fuerte el deseo de conocer a Dios en su corazón”.

Para él, el Seminario fue “una invitación para conocer la profundidad de Dios, tener una experiencia de Dios, pero también a seguir conociendo a la persona de Jesús”.

Invitó a los jóvenes a preguntarse qué quiere Dios para su vida, “no tengan miedo de responder a ese llamado por los prejuicios que se tienen acerca de la Iglesia, del sacerdocio, de la vida consagrada, de la vida religiosa. Nos quedamos con ese temor de no preguntar ‘Dios, ¿qué quieres para mí esos encuentros, en los retiros que ofrece el Seminario’?

Explicó que el Seminario tiene la función de formar discípulos misioneros de Jesús para tener un encuentro con Jesús en la oración, en la vida comunitaria, en el aula de clases. “Nos prepara para compartir esa experiencia de Dios y de Jesús que hemos tenido del Seminario en una futura parroquia, con los jóvenes, con las familias”.

Javier Antonio resaltó que vale la pena decir sí al llamado porque “siempre vamos a experimentar el amor infinito de Dios”.

El seminarista consideró que otros jóvenes no se atreven a vivir la experiencia de responder a Dios lo que se refleja en la disminución de vocaciones por todo lo que el mundo ofrece ahora, una vida cómoda, placentera sin esfuerzo ni exigencias, pero cuando uno realmente siente la inquietud por el deseo por conocer realmente que Dios ha hecho en su vida lo que Dios quiere para él es cuando “le cae el veinte” y pregunta: Dios, ¿qué quieres para mí en este momento?, ¿adónde me estás llamando a una familia a ser sacerdote?

Ante su próxima ordenación diaconal se siente “emocionado, contento, indigno ante esta respuesta que Dios le ha dado y en paz”.— Claudia Ivonne Sierra Medina

Seminaristas Más detalles

Dos seminaristas serán ordenados la próxima semana diáconos transitorios.

Javier Díaz Manzanero

Tiene 28 años de edad, es hijo de Raúl Javier Díaz Vargas y María Beatriz Manzanero Medina, su hermana es Alejandra Beatriz. Ingresó al Seminario en agosto de 2015. Actualmente colabora con la parroquia de San Antonio de Padua de Chemax.

Javier Arturo León Pinto

Tiene 26 años, sus padres son José Antonio León y María del Carmen Alejandra Pino Gómez; es hermano de Alejandra Isabel y José Antonio. Ingresó al Seminario en agosto de 2015. Hoy día ofrece sus servicios en la parroquia de San Juan Bautista de Tekax.

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