A la expulsión (alentada por Vasco Núñez de Balboa) y desaparición de Diego de Nicuesa del Darién, se sumó el proceso y retorno a España de Martín Fernández de Enciso. Tanto la desaparición de Nicuesa como el rencor de Enciso motivaron el posterior proceso de Balboa.

Mientras tanto, el jerezano permaneció como gobernador interino del Darién. Su gestión duró tres años (de 1511 a 1514) y, según Germán Arciniegas en “Biografía del Caribe”, tuvo el visto de bueno de Diego Colón, el hijo del audaz Almirante, gobernador de La Española, y el rey Fernando el Católico, “a quien ya Balboa escribe cartas, confirma lo de don Diego”.

Núñez de Balboa mandó trazar caminos, procuró conservar la “escuálida ganadería” y fomentó la pesca y el cultivo de la tierra con yuca y maíz, recuerda Ángel Rubio en “La ruta de Balboa”… Mientras unos colonos conspiraban contra él y los encarcela, “con las naciones indígenas pacta alianzas”, dice Arciniegas.

Así como Cristóbal Colón fue advertido, en 1502, de la existencia de un mar al sur de esas tierras, Ponquiaco, el hijo de un cacique indígena, tras ver las disputas que los españoles tenían por el oro, dio un consejo a Balboa que cambiaría radicalmente el rumbo de la relación, ya menos legendaria y definitivamente indiscutible, entre Europa, América y Asia. Arciniegas parece reconstruir el revelador consejo dado en 1511: “No entiendo estas peleas por cosa que cualquiera puede tener: si lo que deseáis es oro, ¿por qué no pasáis al otro lado de estos montes, donde hay todo el que queráis, y está el otro mar, y naciones ricas y prósperas?”. Rubio, menos literario, aporta la información del consejo de Ponquiaco: “La existencia de otras Provincias situadas al sur como a seis soles de distancia (seis jornadas de marcha), donde el oro era abundantísimo y donde las gentes navegaban por otro mar en navíos de vela y remo”.

El deseo de oro y perlas de los españoles se había unido al deseo por conocer lo desconocido, y pasarán dos años antes de que la expedición por la sinuosa y temible selva del Darién, rumbo al nuevo mar, fuera presidida por Balboa. Finalmente, Balboa y sus hombres (entre ellos, Francisco Pizarro) salieron de Santa María de la Antigua el 1 de septiembre de 1513 y, tras una semana de descanso, se internan en la cuenca del Chucunaque, donde “son los mil peligros de muerte de cada día”, en palabras del propio Balboa.

Tras dejar a su paso 70 enfermos, y con los 67 expedicionarios restantes, la mañana del domingo 25 de septiembre de 1513 (los historiadores especulan el 26 o 27), el capitán ascendió un monte raso. La altura de ese monte que ha escalado, a solas, el entusiasmado Balboa, le es suficiente para avizorar un golfo que desembocó, para siempre y para la historia, en el mar abierto e inmenso del Océano Pacífico: “Mira y remira la mar y cae de hinojos dando gracias al Altísimo”.

Luego del encuentro, el 29 de septiembre, en la costa del Golfo de San Miguel y con el agua hasta las rodillas, con “la daga en una mano y en la otra el pendón Real”, Balboa tomó posesión de la mar a nombre de España. Fueron tres las veces que tomó posesión sobre el Pacífico: la última fue el 29 de octubre en el Golfo de San Lucas.

Balboa regresará a La Antigua el 19 de enero de 1514, precisamente un día antes de la salida, desde España, de la Armada del Darién que habría de determinar el destino del sagaz y desafortunado Vasco Núñez de Balboa.

Poeta y ensayista.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán