Presbítero Alejandro Alvarez Gallegos

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que el suicidio se encuentra entre las primeras 20 causas de muerte registradas mundialmente. Anualmente hay más de 800 mil personas que se suicidan en el mundo y por cada suicidio se estiman alrededor de 20 intentos.

En tal sentido, en las Américas las personas entre 20 y 24 años se ubican en tercer lugar, seguidos del grupo etario de 10-19 años en cuarta posición. Cada suicidio deja profundo dolor en la familia, amistades y comunidades, siendo un problema prioritario de salud pública.

Es importante señalar que los suicidios no solo ocurren en los países de altos ingresos, sino que es un fenómeno que afecta a todas las regiones del mundo. De hecho, más del 77% de los suicidios ocurridos en 2019 tuvieron lugar en países de ingresos bajos y medianos.

Aun tratándose de un grave problema de salud pública, se puede prevenir mediante intervenciones oportunas, basadas en la evidencia y, a menudo, de bajo costo. Para que las iniciativas preventivas de los países sean eficaces, deben aplicar una estrategia multisectorial e integral.

Como lo plantean (Kinchin y Doran, 2018, p. 1-2) el suicidio es un problema global devastador que ocurre a lo largo de toda la vida.

La conducta suicida es a menudo el resultado final de la compleja interacción entre factores psicológicos, sociales y biológicos. En el caso de los adolescentes el suicidio es un acto impulsivo que puede verse influenciado por las presentaciones en los medios de comunicación social.

Los riesgos del comportamiento suicida aumentan en la adolescencia y la adultez temprana, especialmente para individuos que se encuentran marginados.

Entre los factores de riesgo están la depresión, abuso de alcohol, trastornos mentales, comportamiento antisocial, abuso sexual, abuso físico, malas relaciones con los compañeros, comportamiento suicida de amigos, discordia familiar, comportamiento suicida familiar, padres que no apoyan, vivir separados de los padres y contagio social.

En Yucatán, esto se ha convertido realmente en un problema, diversas organizaciones están trabajando para favorecer en la población un ambiente propicio para la sana convivencia.

Desde la Iglesia, estamos favoreciendo los centros de acompañamiento y escucha “Vamos Juntos”, que ayer cumplieron un año de estar brindando servicios de escucha y acompañamiento a las personas que necesitan expresar y canalizar sus emociones. Si conoces a alguien que esté atravesando por una situación que le esté impidiendo vivir sanamente, puede llamar al número telefónico 9994-45-46-33.— Coordinador diocesano de la Pastoral de la Vida

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