MÉRIDA.- Han pasado casi 60 años desde que un desconocido Jorge Humberto Álvarez Rendón, entonces de 20 años de edad, comenzó a participar en las actividades de la Liga de Acción Social por invitación del doctor Alfonso Albertos Tenorio y al lado de connotadas figuras de la cultura y las artes de la ciudad.
Muy lejos estaba siquiera de imaginar lo que estas intervenciones influirían en su existencia y formación como persona y escritor, una historia tan rica como el caudal de relatos y anécdotas que posee de Yucatán, Mérida y su gente, mismas que muy a su estilo ha sabido plasmar a través de refinada pluma.
Anteanoche, esta trayectoria le fue reconocida con la Medalla “Gonzalo Cámara Zavala” que la Liga le entregó en el marco de la sesión solemne del 115o. aniversario de su fundación.

La Casa de España, en la colonia Itzimná, fue el escenario del evento, que estuvo encabezado por el presidente de la Liga, Héctor Navarrete Muñoz, acompañado en el presidium por Loreto Villanueva Trujillo, secretaria de la Cultura y las Artes de Yucatán, y el maestro Álvarez Rendón.
También estuvieron presentes María Teresa Mézquita Méndez, vicepresidenta y quien leyó la semblanza de Gonzalo Cámara Zavala; Ariel Avilés Marín, vicepresidente y encargado de dar lectura al laudo de la Medalla “Gonzalo Cámara Zavala” 2024, y Jorge Luis Rodríguez Basora, secretario y quien presentó la semblanza del galardonado, quien es uno de los cronistas de la ciudad.
Antes de la ceremonia, Álvarez Rendón externó su emoción por ser elegido para recibir el galardón, honor que consideró inmerecido, toda vez que la mayor satisfacción que puede tener es el afecto y el reconocimiento de los habitantes de Mérida que leen sus relatos.
Recordó que tuvo la oportunidad de conocer a Gonzalo Cámara Zavala cuando éste tenía 92 años, en 1966, hecho que marcó su vida, pues pudo escuchar hablar a un hombre cuya vida estuvo entregada al servicio de los más altos ideales del humanismo.
En su mensaje en la velada, Álvarez Rendón destacó algunos pasajes que marcaron su relación con la Liga de Acción Social. Recordó que el doctor Albertos Tenorio le extendió una invitación para participar en las actividades, en una suerte de período de prueba para saber si su interés por el arte y la cultura era legítimo.
Mensaje y agradecimiento
“Ya podrán imaginarme, estudiante de primer año de la Facultad de Derecho, en aquella casona de la calle 57, residencia de don Gonzalo Cámara Zavala, contemplando aquella élite intelectual que iba llegando para ocupar unos amplios y cómodos sillones”, evocó.
“Don Julio Laviada Cirerol, el poeta Mario Ancona Ponce, la notaria Nelly Cetina Albertos, Rodolfo Ruz Menéndez, Gloria María Vargas y Vargas y muchos más. Para serles franco, me sentía una hormiga en presencia de aquellas mariposas en todo su esplendor”.
“El doctor Albertos Tenorio me presentó como aspirante. Si demostraba asiduidad —sin voz ni voto— podrían algún día aceptarme como vocal. Todos me contemplaron sin muchas esperanzas”, añadió.

“La sesión comenzaba a las ocho de la noche, pero yo llegaba una hora antes porque venía caminando desde mi facultad. Ahí encontraba siempre a un hijo del fundador, un anciano también llamado Gonzalo, quien había sido fotógrafo, pues llegó a mostrarme una de sus antiguas cámaras. Había sido testigo de una buena parte de la historia peninsular en aquel siglo XX”.
“Fue en una de esas mis llegadas prematuras cuando el fotógrafo me concedió el máximo honor: empujó una mampara y me puso enfrente del mismísimo don Gonzalo Cámara Zavala, quien ya estaba próximo a cumplir los cien años de edad. Fui presentado como ‘una promesa’ y la sonrisa del fundador corroboró el espíritu generoso de su asociación”.
“¿Quién iba a decirle a ese veinteañero que más de medio siglo después de conocerle recibiría honrosa medalla que lleva su nombre?” se preguntó.
“La palabra gracias tiene aquí aliento de lejanías, de sueños que quizá no se cumplieron del todo. Tras el biombo de la edad, contemplando el caos y la ambigüedad en que una parte de la sociedad ha caído, mi gracias va corriendo como por dédalos de laberinto, pero sincera e imantada de una obligación moral que solo en contadas ocasiones se puede externar”, añadió.
“Esta medalla destila miel, como ese regalo feliz de la abeja de nuestra querida Liga de Acción Social. Gracias a los rostros presentes, a los actuales socios y su dinámico presidente, el Héctor de mis poesías corales, pero también a quienes gravitan ya en otras esferas. Gracias don Alfonso Albertos Tenorio, gracias don Julio Laviada, gracias delgadísimo Farfán, gracias Gloria María Vargas y Vargas con las manos llenas de flores cuando declamabas. Gracias por aceptarme en la inmadurez y darme este premio ya cerca de donde los caminos se bifurcan”.
La velada continuó con la presentación de la Orquesta de Cámara de Mérida, dirigida por Russell Montañez.— EMANUEL RINCÓN BECERRA
