Mis amigos son mi estado. Emily Dickinson.

La amistad (del latín amicitas-amicus) es definida como una relación habitualmente recíproca entre dos o más personas basada en lazos de afecto, respeto, comprensión y afinidad de forma pura y desinteresada, lo cual podríamos decir que se trata de lazos concordantes y afectos positivos, y que para el filósofo Aristóteles es una virtud. Es una relación que se ha dado a lo largo del tiempo entre dos personajes de la plástica yucateca: Carlos García Ponce y Gabriel Ramírez Aznar.

El primero coleccionista, promotor y mecenas; el segundo, un artista visual y periodista cultural. Lazos que los une, además, es su apoyo y participación en el llamado Movimiento de Ruptura, nombre que recibió el conjunto de artistas mexicanos y extranjeros radicados en México, que en la década de los 50 comenzaron a reaccionar contra lo que percibían como los gastados valores de la Escuela Mexicana de Pintura, cuyo defensor e ideólogo fue el escritor y periodista Juan García Ponce, también oriundo de Yucatán.

A lo largo de tres décadas de existencia del Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán, esta relación se ha mantenido como una fuerza que ha impulsado a la continuidad de este espacio museal, cada uno desde su frente de lucha y aporte a la plástica de nuestro Estado. Todo esto es perceptible tanto en el momento de afrontar su regreso como a la hora de optar por estar presentes en la línea de actuación y que, juntos como militantes solidarios y su activa participación en su defensa, como hombres de la cultura con fuertes raíces en beneficio de la comunidad y su notable compromiso social, los ha impulsado a dejar como un patrimonio conjunto este legado artístico, el Macay.

Ambos contemporáneos y nacidos en Ciudad de Mérida, Carlos García Ponce (nacido el 13 de abril de 1934) y Gabriel Ramírez Aznar (el 4 de enero de 1938) como otros intelectuales y artistas, después del voluntario éxodo o exilio (ésta última de la voz latina exsilium, destierro, derivada a su vez de exsilire, saltar afuera), y de lograr crear sólidas trayectorias en sus campos profesionales en Ciudad de México, regresaron de forma sincrónica ante la nostalgia de la casa o como después de épicas peripecias como Ulises en la mitología griega del personaje de la Ilíada, el viaje de regreso a la patria o tierra natal o como citara el escritor español Luis Cernuda en su poema Peregrino: ¿volver? vuelva el que tenga, tras largos años, tras un largo viaje, cansancio del camino y la codicia de su tierra, su casa, sus amigos… o como dijera el poeta uruguayo Mario Benedetti: volver al barrio siempre es una fuga.

Casualidad o casuística es que, en la misma década del nacimiento de estos notables intelectuales yucatecos, se celebrara en Valencia, España el II Congreso Internacional de Intelectuales para la Defensa de la Cultura, inaugurado por Juan Negrín, entonces presidente de la república española, y quien pronunció un discurso en el ayuntamiento frente a importantes intelectuales y poetas como: Antonio Machado, Rafael Alberti, André Malraux, Tristán Tzara, Louis Aragón, Pablo Neruda, Vicente Huidobro, César Vallejo, Carlos Pellicer, Octavio Paz, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén y Juan Marinello, entre otros.

Como “personajes” o actores del desarrollo cultural de nuestro Estado, y que poseedores de una historia e ideas y conceptos, como todo intelectual, buscan que la verdad, la razón y el conocimiento se conviertan en realidad, así como que la sociedad sea mucho más racional y humana.

Finalmente, como sostiene Pierre Bordieu que el poder simbólico es un poder de hacer con palabras realidades que generan pasiones, es así como destaco la gran importancia de estos dos yucatecos, Carlos García Ponce y Gabriel Ramírez Aznar, que, dada su gran experiencia, su voz debe ser no solo reproducida, sino escuchada como una opinión de gran valor social para la cultura de nuestro Estado.

Curador.

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