ROMA (EFE).— Víctor Manuel de Saboya, hijo del último rey de Italia, fue despedido ayer con un funeral en la Catedral de Turín al que asistieron la reina emérita Sofía de España, Alberto de Mónaco y otros aristócratas y nobles europeos.
El funeral del “príncipe sin trono”, fallecido el sábado 3 a los 86 años en Ginebra, congregó en el Duomo de Turín, la tierra histórica de la dinastía Saboya, a unas 350 personas que quisieron dedicarle el último adiós.
Entre los asistentes estuvieron Enrique, gran duque de Luxemburgo; Carlos de Borbón-Dos Sicilias y el príncipe Leka de Albania.
El féretro llegó al templo cubierto con una bandera italiana con el escudo cruzado de la casa nobiliaria, impulsora de la unificación italiana en el siglo XIX y que reinó también en España durante breve período (de 1870 a 1873) con Amadeo I.
A los restos mortuorios le siguió desde el Palacio de la Venaria, donde fue velado, una comitiva encabezada por su hijo, Emanuele Filiberto, y su viuda, Marina Doria.
Tras el funeral, el cuerpo de Víctor Manuel de Saboya será enterrado en la tumba familiar de la Basílica de Superga, en una de las colinas turinesas.
Durante las exequias se colocó a los pies del ataúd un saco con tierra de Nápoles, la ciudad en la que nació en 1937, y se leyó un mensaje de pésame del papa Francisco, dirigido en su nombre por el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin.
A lo largo de su vida, Víctor Manuel de Saboya protagonizó varios encontronazos con la Justicia, de los que casi siempre se libró.
El más recordado se originó el 18 de agosto de 1978, en aguas de la Isla de Cavallo, al sur de Córcega, donde disparó en un enfrentamiento con un desconocido e hirió al joven alemán Dirk Hammer, quien pasaba la noche en un barco con amigos y falleció tras varios meses en estado de coma.
Por esta causa, Víctor Manuel permaneció siete semanas en una cárcel de Ajaccio y después fue puesto en libertad provisional bajo fianza.


