“A la casa maya no se le está dando el valor que requiere de las autoridades”, expresó el doctor Aurelio Sánchez Suárez, investigador de la Unidad de Ciencias Sociales del Centro de Investigaciones Regionales “Doctor Hideyo Noguchi” de la Uady.
“No hay de las autoridades una declaratoria de patrimonio inmaterial de los saberes para amarrar”, dijo el experto, abordado minutos antes de la presentación del libro “Xa’anil naj. La gran casa de los mayas”, ayer en el Instituto Municipal para el Fortalecimiento de la Cultura Maya.
En entrevista con el Diario, el doctor Sánchez, coordinador del texto, cuya versión en PDF se puede descargar de manera gratuita en la red, señaló que es el pueblo maya el que ha reivindicado el valor de su casa.
“Por parte del pueblo creo que se está dando un reconocimiento o, más bien, un decolorizar las vergüenzas que nos ha impuesto esta sociedad con su visión colonialista en que la casa (maya) se había planteado como una casa de pobres, siendo una casa de dioses”.
El investigador aclaró que, sin embargo, no se puede hacer una declaratoria patrimonial de la casa como tal, sino de los saberes para amarrarla, porque “la casa muere, es un ser vivo”.
“Las casas se tienen que caer, y lo podemos ver en los pueblos donde a las casas las tumban; la mayoría no tumba su casa, espera que se caiga sola porque la casa tiene vida y tumbarla se considera como un asesinato”.
En ese sentido, subrayó que la casa tiene que “morir” para que pueda amarrarse una nueva y los saberes se transmitan a la siguiente generación. “Eso ha pasado por más de tres mil años, pero ahora lo estamos frenando porque las políticas públicas de vivienda no consideran los saberes tradicionales y por eso se le excluye completamente de cualquier apoyo”, advirtió.
Además, agregó el investigador, las construcciones para la industria turística han encarecido los materiales. “Ya no es casa de pobres, es carísimo hacer una casa de huano”, lamentó.
Dependiendo de la zona, una casa de huano puede costar entre 70,000 y 200,000 pesos. “Depende dónde esté ubicada y también cómo está el comercio que se está dando de sus materiales”.
Sobre el libro, el doctor Sánchez Suárez precisó que se editó hace siete años y es uno de los más completos en abordar la casa maya en forma multidisciplinaria, dejando atrás la visión de esta construcción como esquema de comercialización de un patrimonio de la población originaria y que ésta no la reconocen como tal.
El libro se divide en tres partes: “Historias, símbolos y sentimientos”; “Saberes constructivos”, y “El hábitat: casa, solar, pueblo y monte”. Cada una, a su vez, cuenta con diferentes trabajos, como “La casa de los mayas en la estética maya: de la fascinación de la antigüedad” y “La construcción simbólica y materia de la casa maya”, de Alejandra García Quintanilla, Amarella Eastmond y el propio doctor Sánchez.
Hay textos de Hilaria Mas Collí (“Nacimiento y pertenencia en la casa maya, Huhí, Yucatán”), Briceida Cuevas Cob (“Naj”), Feliciano Sánchez Suárez (“Táan u júutul le k-otocha’”) y Silvia Terán Contreras (“Reflexiones sobre ese espacio llamado naj entre los mayas peninsulares”), entre otros.
“Es un libro que se pensó multidisciplinario y con un proceso de aprendizaje entre las disciplinas para evitar caer en esas frases colonialistas, racistas y excluyentes que se siempre se utilizan dentro de la academia, como choza, indio… Todo eso se evitó, nos fuimos más a revalorar el sentido de cómo nombra las cosas el pueblo maya”.— IVÁN CANUL EK


