Avisados lectores, los adultos que no hemos desarrollado un apego seguro en nuestras relaciones interpersonales posiblemente hemos desarrollado en su lugar reacciones y comportamientos llamados intimidatorios.
Este tipo de comportamiento es agresivo y lo utilizamos como ataque —muchas veces repetitivo y a propósito— y tales pueden ser de naturaleza psicológica, verbal o, incluso, podríamos llegar a la agresión física.
Como resultado de esta ausencia de apego seguro, solemos adoptar comportamientos extremos, es decir, o nos comportamos muy dependientes o somos inadecuadamente independientes (o desafiantes), lo que nos provoca intensos y recurrentes conflictos emocionales y relacionales con todo lo que interpretamos como figura de autoridad o de poder.
Aquí aparece la importancia de las figuras o modelos de referencia que tuvimos y que adoptamos desde nuestra infancia.
Nuestras figuras de referencia son personas que llamaron nuestra atención —de alguna manera nos inspiraron— y de las que aprendimos y adoptamos su manera de pensar, sentir y comportarse.
Estas figuras suelen improntarse —marcarse o dejar huella— desde edades tempranas y permanecen intactas —comúnmente— hasta el final de nuestra vida.
Sin duda que todos tuvimos buenas y malas figuras de referencia —o modelos— que nos pudieron resultar funcionales o disfuncionales para nuestro bien y adecuado desarrollo y maduración como personas.
El punto interesante es ubicar claramente cuáles de esas figuras de referencia —o modelos— aceptamos desde antaño y están vigentes hasta hoy, asimismo ubicar cuáles de ellas podemos considerarlas superadas.
Veremos una herramienta útil para lograr lo anterior.
Psicólogo clínico, UVHM. Tutor Salud Mental y Espiritualidad para Adultos. WhatsApp: 9993-46-62-06. Tutor Salud Mental
“Todos tuvimos buenas y malas figuras de referencia que nos pudieron resultar funcionales o disfuncionales para nuestro bien y adecuado desarrollo”
