“Mientras camino en el Seminario, veo cómo las diferentes vocaciones me llevaron a que me atreviera a tomar una decisión como ésta”
“Mientras camino en el Seminario, veo cómo las diferentes vocaciones me llevaron a que me atreviera a tomar una decisión como ésta”

“El mundo está lleno de bendiciones que pueden tomarse una a una” —Manuel Castro Ruiz, tercer obispo de Yucatán

Hola, soy Ángel Emmanuel, tengo 19 años de edad y pertenezco a la parroquia de San Antonio de Padua en Ticul. Actualmente curso el primer año de la Etapa Discipular del Seminario Mayor, donde voy respondiendo a la pregunta que cambió mi estilo de vida: “Jesús, ¿qué quieres de mí?”.

Cuando me pongo a mirar el camino que he estado recorriendo, se me hace imposible imaginármelo si no hubiese tenido la inspiración de otras personas que están respondiendo a la vocación que Dios les llamó.

Todo empezó cuando me encontraba estudiando la secundaria, fue el tiempo donde me impactó el testimonio de varios sacerdotes y seminaristas que se encontraban en mi parroquia. Su estilo de vida, al igual que el entusiasmo por vivir el Evangelio que ellos transmitían me hicieron preguntarme qué quiere Dios para mí; eso hizo que surgiera el interés por seguir un camino como el de ellos.

Pero todo eso no habría sido posible sin la cercanía que me transmitieron mis familiares; el testimonio que también varios de ellos realizaban me motivaron a integrarme y a participar en las actividades de la Iglesia, eso creó un ambiente vocacional para tener curiosidad en la vida sacerdotal.

Ingresé al Seminario Menor durante el tiempo de preparatoria, allá me di cuenta del gran trabajo que hombres y mujeres realizan en favor de la Iglesia, eso me ha hecho entender que la vocación es un don que se comparte.

Hoy por hoy, mientras me encuentro caminando en el Seminario, veo cómo los distintos tipos de vocaciones me llevaron a que me atreviera a tomar una decisión como ésta. También miro cómo Dios sigue actuando en sacerdotes, religiosas y laicos de una manera tan increíble que me invita y anima a mostrar el rostro de Cristo en el camino donde Él me llame.

Esta influencia sigue siendo tan gratificante que lo veo como una bendición de parte suya, una de tantas maneras en las que llega el amor del Padre a mi persona.

No hay que dejar de orar y colaborar por las futuras vocaciones porque “la mies es mucha y los trabajadores pocos” (Lc. 10, 2).

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