Dice la esperanza: Un día la verás, si bien esperas… Antonio Machado

En el año de 1991 un diálogo fortuito entre la entonces gobernadora de Yucatán (14 de febrero de 1991-1 de diciembre de 1993), Lic. Dulce María Sauri Riancho, y el entonces presidente de la Fundación Cultural Yucatán, Carlos García Ponce, dio paso a la idea de crear un museo de arte contemporáneo en nuestro Estado, para lo cual se propuso el edificio conocido como Ateneo Peninsular.

En dicha charla, la entonces gobernadora, con una visión innovadora, comentó que quería recuperar el edificio antes mencionado para hacer un museo para el gozo, deleite y formación educativa de los habitantes del Estado, a lo cual Don Carlos le respondió que: “Si tu recuperas el edificio, yo instalo en su interior un museo”.

Es así como el 16 de octubre de 1993, tras intensos trabajos de restauración y adaptación, se anunció la apertura del Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán, Macay.

La inauguración tuvo lugar luego de más de tres años de trabajos, el 29 de abril de 1994. En dicha ceremonia el entonces gobernador del Estado (1 de febrero de 1994-31 de julio de 1995), Lic. Federico Granja Ricalde, habría de mencionar que: “La política de Yucatán siempre ha estado acorde con una tradición que se encuentra muy enraizada en los sentimientos de los habitantes”; palabras que siguen teniendo en la actualidad una gran vigencia, si consideramos las tres décadas que este espacio ha resistido los embates burocráticos, y cuya defensa es cada día más fuerte por parte de la ciudadanía y la comunidad artística que lo cobija.

En aquella ocasión estuvo presente el propio gobernador; el director del Museo, Miguel Madrid Jaime (1993-2006); el secretario de Obras Públicas, Tuffi Gáber Arjona; el director de la Fundación Cultural Macay, Carlos García Ponce; destacados empresarios y miembros de la Fundación (Fernando Ponce García, Porfirio Suárez Sosa y Carlos Millet Cámara), así como la sociedad civil y desde luego, creadores invitados a dicha ceremonia, quienes entonces vieron con gran satisfacción su apertura.

La celebración de sus tres décadas, aunque de manera modesta, no se dejó pasar el lunes 29 de abril, y en la cual tuvimos la presencia de Carlos García Ponce, quien nos platicó ese episodio histórico de la Institución y agradeció a todos los que a lo largo de su trayectoria han estado presentes y han colaborado con el Museo.

Este espacio ha presentado a lo largo del período mencionado cerca de ochocientas cincuenta exposiciones temporales, tanto de artistas de nuestra entidad como de otros lugares del país y del orbe, con lo cual ha solidificado su labor y prestigio; sin que omita mencionar que en la actualidad, particularmente después de la pandemia del Covid-19, el Museo ha atravesado una etapa muy difícil, que va desde la disminución de su presupuesto, hasta la reducción de su personal y la reducción o acotamiento de los espacios expositivos en relación con los que inicialmente abrió; restas que pueden obedecer a distintas causas, desde situaciones fortuitas, como lo es la propia pandemia, hasta situaciones financieras.

El arte de nuestro tiempo es, sin duda alguna, un reflejo de la sociedad actual y un testimonio inmediato de nuestra época, sin negar que el mismo nada en contracorriente a otras manifestaciones culturales que tienen la aceptación popular y la promoción de las instituciones gubernamentales por su carácter populista o masivo, sin el perjuicio de calificar este “consumo cultural” como bueno o malo.

Hago la aclaración de que el presente texto recoge mi juicio crítico personal, y que es movido por el tributo y admiración a este espacio icónico (Macay); por la exasperación ante la disminución presupuestal y posible reducción física del Museo, la cual podría comprometer su permanencia; por mi complicidad y solidaridad con la sociedad y la comunidad artística que lucha por la permanencia de este espacio, así como por el asombro ante la corta visión con que se planea desde “los gobiernos” una política cultural que no comprende la importancia de la actualidad plástica. Y esperando mejores tiempos, y sin que ese verso de Thomas Stearns Eliot (T.S. Eliot) de que “Abril es el mes más cruel” no sea un presagio de un último abril, aguardo con esperanza que los cambios políticos que se avecinan sean positivos, por lo que prefiero apegarme a lo dicho por la poetisa Gladys Taber con relación a este tiempo y verlo como “una promesa de lo que está por venir”; por lo cual digo ¡Larga vida al Macay!

Curador

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