Para mi hija Ana Camila, quien corona mi lista de bendiciones y a quien amo con todo mi ser.

Por ahí leí que el mejor regalo para una madre es el perdón y el agradecimiento, y no puedo estar más de acuerdo. Me permito disentir cuando alguien dice que las madres amamos de forma incondicional. Yo diría que, más sensatamente, deseamos amar sin condiciones, pero no siempre es así. Quizá por eso es que nos pesa tanto cuando fallamos, cuando estuvimos demasiado indispuestas, cansadas o impacientes para hacer lo mejor con nuestros hijos. Nos reprochamos por haber alzado la voz, por no haber escuchado con más atención o por no haber sabido comprender. Por haber llegado tarde o por no haber podido estar, por haber sido exigentes o laxas, por haber dicho que si o que no. Por no saber cómo hacerlo diferente… por todo esto es que necesitamos el perdón.

Pero también necesitamos ese agradecimiento sincero, ese reconocimiento por las cosas que sí hicimos bien. Por haber maniobrado el trabajo con la casa, o las tareas del hogar con nuestros sueños rotos. Por haber enjugado lágrimas cuando ni las nuestras podíamos contener. Por haber estado en festivales de dos horas por ese minuto treinta. Por las fotos que no se quisieron tomar pero que luego fueron motivo de alegría y remebranza. Por ver las piruetas de la piscina que aplaudimos por enésima vez como si fuera la primera; por haber comprado el perro, la tortuga o el hamster solo para arrepentirnos cada vez que no le daban de comer.

A nadie le entregan un instructivo para ser mamá. La misión es tan desafiante como gratificante, pero todo se descubre en el camino. Ser madre te confronta a cada instante con quien realmente eres, y también con lo que no eres.

Entre errores y aciertos, uno se cuestiona qué tan bien o mal lo está haciendo. De tanto en tanto, uno llega a sentir que es una pésima madre, que ninguna fórmula funciona para hacerlo mejor. Así, uno lidia con esa sensación de insuficiencia por días, meses o años, hasta que aceptamos que nadie nace sabiendo como ser mamá, y que no es el conocimiento sino el amor, lo que en este menester cuenta.

Quizás por todo esto es que, al menos yo, fantaseo con la idea de pedir un deseo, y que éste fuera el vivir todo una vez más. Desearía de vuelta un ratito más con mi bebé, para oler su cabecita y consolarla mejor. Un ratito más para ir al parque, para peinarla, para cargarla cuando tenga sueño, para verla salir del colegio corriendo hacia mí…. Desearía volver atrás con todo lo que hoy sé de la vida y de ser mamá. Fantaseo con la idea de que, con la experiencia que he acumulado, podría ser una mejor madre de la que he sido, y vivir la gloria de la maternidad desde el principio. Pero eso es solo una fantasía, porque todos sabemos que es imposible volver atrás; el tiempo pasa, y con él, muchas cosas. Solo permanecen los recuerdos, la experiencia, y el aprendizaje. Sin embargo, este parece ser el combo ideal para reescribir la historia de lo vivido con la esperanza de que, en ese proceso de reescribirla, descubramos que todo ha sido idóneo.

Y sí, el mejor regalo para una madre es el perdón y el agradecimiento. Es todo lo que puede darle paz al corazón de una mamá llena de nostalgia.

Coach profesional y acompañamiento espiritual. Podcast Gabriela Soberanis gabrielasoberanismadrid@gmail.com

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