Ante todo, deseamos unirnos a todos los que festejan en este Día del Padre. Aquel por medio del cual Dios Nuestro Señor nos invitó a la vida que celebramos como comunión de amor entre mamá y papá.

Esta comunión de amor fue bendecida por Dios con la paternidad, haciendo fecunda su entrega, gestando una nueva vida, que llena de alegría a la pareja humana —de mujer y varón— por la bendición de la fecundidad. Es así como en el proceso de maduración humana se escriben los inicios de la historia de una nueva persona, noticia que llena de emoción a los cónyuges, cuando viene incluso certificada por el médico, como floración y fruto de su sincero amor.

Arzobispo emérito de Yucatán.

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