“DÍGANLE A LA GENTE QUE SE SIENTE”

El milagro de la multiplicación de los panes y el reparto a la multitud fue una acción simbólica que anticipa cuánto dirá Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm acerca del “pan de vida”.

La acción de gracias que pronunció Jesús antes de repartir personalmente el pan y los peces sugiere que se trató de una “eucaristía campestre” en la que se anunció la Cena del Señor. Jesús se reveló como el Mesías que alimenta con el nuevo maná al nuevo pueblo de Dios en la celebración de la nueva pascua.

Aunque Jesús sabe muy bien lo que va a hacer, pregunta a Felipe y a Andrés, pretendiendo saber hasta dónde llega la fe de sus discípulos en su persona. Pero Felipe no entendió el sentido de la pregunta e hizo un cálculo aproximado: doscientos denarios no alcanzarían para dar a cada uno un trozo de pan.

Andrés había visto a un muchacho que llevaba cinco panes de cebada (el pan de los pobres y de los esclavos) y dos peces, seguramente para venderlos… Jesús tomó estos panes y, según la costumbre judía, pronunció la acción de gracias y los repartió. Todos comieron hasta la saciedad. Jesús se manifestó como el enviado de Dios que da vida y la da abundantemente.

El milagro de los panes es “un signo”, es decir, un milagro para saciar definitivamente el hambre interior de la persona, su antigua y nunca terminada búsqueda de Dios.

Este milagro de Jesús exhibe el vacío interior que anida dentro de nosotros y que tratamos de ignorar para no sentir vértigo y desesperación.

Jesús nos invita hoy a que colmemos nuestra hambre con el don de su Palabra, de su pan misterioso que borra el hambre, de su agua que sacia para siempre.

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