“Porque hablar de la Santísima Virgen María es hablar de amor universal, de la verdad divina, de la iluminación del agua viva…”, fueron algunas de las apreciaciones del canónigo principal postulador de la causa de canonización de San Juan Diego, el Dr. Eduardo Chávez, director del Instituto Superior de Estudio Guadalupanos (ISEG), quien dio una interesante charla nombrada “Virgen María Cristogénica”, en el marco del Congreso Internacional “El Pincel de Dios”.
La concurrida ponencia giró en torno a los “misterios” de las apariciones de María, madre inmaculada, al indígena macehual Juan Diego, quien en su tilma sagrada mostró al mundo la imagen de la madre del creador, misma que no ha sido creada por ninguna mano humana, sino una de las muestras del pincel de Dios.
Juan Diego era un hombre de corazón humilde, obediente y servicial. Nació, creció e incluso se casó en Cuautitlán, pero fue llevado por su mujer a Tulpetlac, donde vivió por mucho tiempo.
Su tío, quien se encontraba enfermo, un 11 de diciembre le pidió a Juan Diego que partiera en búsqueda de un sacerdote que le ayudara a bien morir, y es aquí donde las investigaciones comienzan a tomar ruta.
Eduardo Chávez afirma que no fue necesario subir al Tepeyac, no era la meta de Juan Diego, si no llegar a Tlatelolco, pero tomando la mejor ruta que sería caminar con su tilma (ayates) y su antorcha por las orillas del lago de Texcoco.
Juan Diego no quería que nada lo distrajera, tenía que ayudar a su tío, pero al aparecerse María de Guadalupe en la madrugada del 12 de diciembre, le hizo ver que no debería tener miedo de que su tío enfermo no lograra quedar en gracia antes de morir. La Virgen le prometió que se haría cargo y le pidió subiera a traerle flores. El resto es historia tradicional mexicana.
El Dr. Chávez explica el significado de las flores y cómo San Juan Diego las traía en su tilma y que esas flores son en realidad Flor y Canto del indígena, la verdad divina, la sabiduría de Dios, “esas flores son el testimonio de la virgen y su acercamiento a México, a los indígenas, a los inocentes, para otorgarles esa divina verdad”, dijo.
Otra de las aclaraciones es que Juan Diego no era un muchacho, fue un hombre de más de 50 años que tenía un alma limpia y por ello fue elegido por la madre de todos para manifestarse. Juan perdió el miedo y confió en la madre, y tras recibir esa sabiduría de Dios se fue a buscar al obispo para contarle lo ocurrido.
Al llegar a su casa, ubicada en lo que ahora es el centro de la Ciudad de México, fue mal visto por la servidumbre, pues lo consideraban una molestia de madrugada; intentaron tocar las flores, pero en ninguna de las tres ocasiones lo lograron, símbolo de que la sabiduría y la verdad divina no es para malas almas.
El director del ISEG solicitó a varias mujeres subir al estrado, para mostrar cómo era la tilma de Juan Diego, ese trozo de tela que las mujeres usan como rebozo, pero que los hombres colocan de frente al pecho, amarrada de un nudo sobre el hombro, “así fue como Juan Diego llevó las flores”, dijo el experto mariano, y se usó de modelo para mostrar cómo se portó la prenda.
Además, hizo hincapié en que esa tela, esa tilma, es la continuación de la propia persona, es como otra piel y que sirvió para los indígenas de diferentes usos y costumbres, y la llamó “La tilma sacramental”.
Continuó el relato y cuando al fin Juan Diego pudo llegar a Fray Juan de Zumárraga, le contó todo y le mostró en su tela realizada de fibras naturales con una costura en medio las flores que la virgen tocó, ahí plasmada quedó la imagen creada por Dios de su madre, con tanto detalle que ha sido sujeta de estudios científicos, pues permanece intacta tras 500 años expuesta a las inclemencias físicas, como la humedad y el salitre.
Y sí, la imagen ha sufrido cambios, por ignorancia de quienes la han custodiado, en principio quienes quisieron calcarla y dejaron restos de sus grafitos, pero claramente están por encima de la pintura original.
Por descuido de personal de limpieza se le he ha dejado caer ácido, sin embargo, el textil no se ha dañado del todo, como se esperaría con cualquier otra tela.
Tiene manchas de cera, además de un supuesto doblez que, aclaró el experto, no se dobló la imagen, fue parte del desgaste por haber estado expuesta y que la gente se acercara a tocarla tantas y tantas veces. María, con sus apariciones, pidió una humilde casita sagrada para ensalzar a su hijo y convertirla en un refugio para que cualquiera que lo necesitara, acudiera a ella, llorar sus penas, y encontrar descanso, ese era su anhelo, recordando las palabras que le dijo a Juan Diego “No temas, ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu madre?”, así pues es la madre protectora de todo el que la acepte en su corazón.
Ante los incrédulos y con mucha investigación científica se sabe que la tilma fue hecha como era la usanza, en un telar de cintura, artesanal e imperfectamente, en color totalmente blanco, liso, unida por la parte del medio sin hilos de algodón o alguna imagen porque esto era solo para la nobleza y Juan Diego era macehual.
La tela se confeccionó de otzotl, una fibra natural. La impresionante perfección en la proporción áurica no se puede atribuir a un dibujo indígena, ni a uno hecho por españoles. Ningún pigmento sin procesar podría haber durado tantos años, sufriendo apenas algunos desgastes por los descuidos mencionados. Los bellísimos colores y la perfecta composición de los detalles, como rayos solares, estrellas del manto, la flor del vientre, llenos de significado, pero que además en acercamientos cambian tonos de color, inexplicablemente.
La tecnología ha ayudado a corroborar que se trata de una imagen no hecha por humanos. Por esto y muchos temas profundos sobre la Santísima Virgen María de Guadalupe, el papa Juan Pablo II se enamoró de ella y permitió la canonización de San Juan Diego el 31 de julio del año 2002, tras las gestiones de quien hoy compartió la fascinante charla ante miles de meridanos y visitantes que acudieron al Congreso Internacional “El pincel de Dios”.
Los aplausos de los asistentes concluyeron lo que Ana María Salazar Cohuó, asistente a la charla, catalogó de maravilloso, “poder estar aquí hoy escuchando estas verdades sobre nuestra virgencita, es maravilloso, no estaba en mis planes de vida”.— DARINKA RUIZ MORIMOTO
