“Ser escritor es robarle vida a la muerte”, Alfredo Conde, escritor español, 1945.

Carlos Fuentes, después de una vida exitosa e intensa como escritor, nos dejó el 15 de mayo de 2012.

El hombre siempre estaba allí, en sus artículos periodísticos acertados donde abordaba temas sobre política, arte y crítica literaria y en la FIL de Guadalajara, a la que asistió 20 veces y en la que era reconocido y aplaudido por todos los que asistían a dicha feria. Una servidora tuvo la suerte de escucharlo en ese lugar y encontrarse con él y con su esposa en un hotel madrileño.

Carlos Fuentes nació el 11 de noviembre de 1928 de padres mexicanos y fue mexicano por convicción y le dejó al país un legado invaluable apropiándose de los lectores y conversando con ellos, dándole voz a la literatura a través de un lenguaje fluido y veraz.

Siempre decía que si no damos voz a la literatura el silencio impondrá su oscura soberanía y que escribir es estar en compañía del lector, como el alma propia tamizada por el alma del otro y que también si no nos nombramos nadie nos dará un nombre.

Viajero incansable fue abrevando —gracias a su profunda sensibilidad— situaciones que le daban tema para sus maravillosas novelas como podrían ser entre ellos: “Aura”, “La región más transparente” y “Gringo viejo”. Y también para sus innumerables cuentos.

El escritor estudió la licenciatura en Derecho en la UNAM y recibió el premio “Rómulo Gallegos”, el Cervantes y el Príncipe de Asturias de las Letras y fue miembro honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Era hombre de vestir impecable, sociable y buen bailarín, su aspecto era una muestra de su vivir y de su decir.

Era un gran seductor, pícaro en su juventud, y dispuesto a la risa a la menor provocación, maestro en la puntualidad y bromeaba con lo más serio y apoyaba a los escritores noveles, sin envidia.

Fue hombre chispeante y enérgico, que tenía el don de la ubicuidad y con sus múltiples viajes formó puentes entre los países latinoamericanos y europeos adquiriendo con ello una geografía múltiple.

Carlos Fuentes fue un crítico del poder transmitiendo situaciones con su prosa firme y clara y al final de su vida en sus intervenciones en Latinoamérica siempre decía que lo que nos falta es educación, y más educación disertando sobre la niñez que tiene el derecho de vivir en paz y con dignidad y, sobre todo, criticando la desigualdad social.

Fuentes fue embajador de México en el mundo y le dejó al país un acervo literario digno de ser resaltado.

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