• Gabriela Enríquez es maestra en Estudios para la Paz y ha incursionado en la narrativa, la poesía, la dramaturgia y el guion documental
  • “Amor al Prójimo”, novela de Gabriela Enríquez, Premio Mauricio Achar Random House

“Amor al Prójimo” de Gabriela Enríquez no es una novela de suspenso ni de detectives.

Sin embargo, su trama tiene la tensión de uno de esos “whodunit” en los que hay que apurar las páginas para llegar al final y descubrir el misterio: ¿por qué está la narradora desfigurada y su hermana en coma?

¿De qué trata “Amor al Prójimo”?

La historia, ganadora del Premio Mauricio Achar Random House 2023 y ya disponible en librerías, es la charla sorda que una mujer sin nombre sostiene con su hermana —Teresa—, quien está inconsciente en la cama de un hospital.

A través de ese diálogo-monólogo el lector conoce el pasado y el presente de una familia en la que no hay buenos ni malos, porque todos son al mismo tiempo buenos y malos, y se desenrolla el hilo de su situación actual.

La novela, que a Enríquez le tomó siete años escribir, “surge de preguntarte por el pasado y tratar de ver si hay forma de cambiar el destino; esta idea de ‘infancia es destino’ ¿qué tanto es cierta, qué tanto realmente estamos condenados en historias o yugos familiares?”, explica la autora al Diario.

“Por otro lado, (surge) de explorar en las huellas de dolor y las historias de sobrevivencia, no nada más en las familias sino en nuestra sociedad también”.

El gran reto de “Amar al Prójimo”

Para la graduada de Ciencias Políticas, egresada de la Escuela Mexicana de Escritores y de Literaria Centro Mexicano de Escritores y con experiencia en educación de adultos, el “gran reto” de “Amor al Prójimo” fue “encontrar en los personajes la complejidad que tenemos todos los seres humanos”.

“No existe esto del bueno y el malo, no está separada la bondad de la maldad ni la luz de la oscuridad; son enfermedades a lo mejor, incapacidades, imposibilidades… Somos un abismo los seres humanos, somos capaces desde las cosas más terribles a las cosas más entrañables”.

Y, aun así, las “historias que se van tratando en la novela están enlazadas por el amor, no hay personajes que no amen profundamente”.

Ahí están los padres de la narradora —ella una preadolescente y él un treintañero cuando se casan—, marcados por vivencias que no han terminado de superar cuando comienzan a formar una familia.

En la familia “es donde aprendemos lo que es la vida, qué es el afecto, el cariño, todas estas cosas que de grandes nos llevan a vincularnos con los demás”.

“Se trata de la historia de una familia en la que intento explorar la presencia de la ausencia: ahí están pero no están, (las hermanas) no son huérfanas del todo, es más no son huérfanas de nada, pero lo son más que cualquiera… Es la exploración de qué tan dañina es la ausencia que aparentemente no es, qué tan dañinas pueden ser las relaciones de una familia que se considera tradicional, sana. Finalmente es también una crítica a las instituciones que creemos que son las normales”, apunta.

Porque normal no es que teniendo papá y mamá las dos hermanas pasen años internadas en un orfanatorio. Tampoco que las decisiones de la tía Amelia pesen en casa más que las de la propia madre. Mucho menos que la narradora se case con el amante de un ser querido que de esta forma garantiza estar cerca de la mujer que en realidad desea.

En apenas un centenar de páginas los sinsabores de la historia familiar se van desenvolviendo desde la voz en el presente, cuya conclusión es al mismo tiempo la de los hechos actuales como la de las tragedias del pasado.

“Es una novela muy cortita, condensada…”, admite su autora. “Me parece mucho más difícil la condensación que la expansión. Lo que me llevó mucho tiempo fue el proceso de destilación, ir podando hasta llegar a las esencias de los caracteres de estas personas”.

Trayectoria de Gabriela Enríquez

“Amor al Prójimo” —así, en mayúscula, y se justifica en la historia— es la primera novela de Gabriela Enríquez que llega a las librerías, pero no es la primera obra que publica.

Antes salieron a la luz sus obras de teatro “Nieve en agosto”, “La oración en Getsemaní” y “Tragaluz”. Además, es guionista de los documentales “Adónde vas, loco” (del que también es codirectora) y “Ofrenda”.

“Escribes teatro con la idea de que en algún momento alguien lo encarne, lo represente; pero aquí (en la novela) lo bonito es que con palabras ellos (los personajes) tienen que representarse a sí mismos”, expresa.

“La narrativa te da muchas posibilidades; por ejemplo, da la posibilidad de hablar de lo que pasa pero también de lo que no se dice y esto es mucho más difícil de plantear en teatro o cine”.

“Esta novela habla mucho de los secretos, de lo que se esconde dentro de las familias, incluso uno mismo no se atreve a decir las cosas”.

Sin embargo, las experiencias previas con el cine y el teatro le fueron de utilidad para narrar.

“Tuve el enorme privilegio de estudiar actuación (en el Centro Dramático de Michoacán) un tiempo muy corto, pero ahí empecé a entender lo que es la ficción, me ayudó mucho porque el actor encarna a un personaje no con el personaje mismo sino consigo, con los pedazos que eres, tus sentimientos, visiones, sueños, miedos…”.

“En el proceso de actuar tienes que ser capaz de desaparecer, quitar tu ego, eliminarte a ti mismo para que pueda surgir ese personaje; lo mismo pasa en un proceso de escritura: no se trata de mí, aunque está construido con mis pedazos”.

Certamen

“Amor al Prójimo” empezó a cobrar forma mucho antes de que Enríquez tuviera en mente concursar al Premio Mauricio Achar Random House, que desde 2014 conceden el sello editorial y Librerías Gandhi.

“Nunca pensé en meterla a ningún premio, mi objetivo era terminarla. Necesitaba terminar ese viaje porque escribir es un viaje, una conquista de tu proceso de vida”, reconoce.

Pero al finalizar pensó que “la manera más privilegiada de publicar un libro es con un premio”, así que revisó convocatorias y dio con “el mejor premio porque cada vez está teniendo más importancia y eso es maravilloso”.

Así que “compré el boletito de la lotería y me lo saqué”.

“Sobre todo para una primera novela, publicarla con un premio te pone en otro nivel, ya hay por lo menos un poco de interés”, añade.

“Es muy difícil (publicar) para las personas que no tenemos un nombre o trayectoria, eres un desconocido; las editoriales difícilmente te van a leer si no es después de un premio. Tuve la gran fortuna de participar, tener un jurado maravilloso, escritores muy jóvenes, fue un proceso que me sorprendió muchísimo porque se inscribieron más de 300 novelas”.

Ese jurado lo integraron Fernanda Melchor, Alaíde Ventura, Julián Herbert, el librero Francisco Goñi y el editor Andrés Ramírez.

“Fue una gran sorpresa que fuera un jurado joven porque que lo que escribí le haya dicho algo significa que la literatura no tiene edad, algo les dijo, eso es muy alentador”.

“Es una literatura que puede decirle (algo) a quien sea, porque no está hablando de una familia en específico, está hablando de todos nosotros”.— Valentina Boeta Madera

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