“SI ALGUNO QUIERE SER EL PRIMERO…”

Hoy escuchamos que “el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”. Los discípulos no alcanzaron a comprender que su Maestro tendría que sufrir tantas afrentas y hasta la misma muerte de cruz. Tampoco entendieron ni una sola palabra sobre la resurrección “al tercer día”. Pero callaron respetuosamente, y, mientras le seguían en silencio, su corazón se fue llenando de tristeza.

Cuando Jesús preguntó qué era lo que venían discutiendo en el camino, callaron. Entonces Jesús enseñó que el mayor honor es el servicio, que el primero en un grupo es el que se humilla para servir a todos. Cuando a Jesús lo crucificaron, empezaron a comprender el hondo significado de esta enseñanza y vieron que el último es, efectivamente, el primero. Es menester servir a todos, pero en especial a los más humildes y pequeños. El que sirve a los más pobres y humildes sirve a Jesús y a quien lo envía, a Dios Padre.

Ahora bien, la actitud de Jesús frente a los niños ha sido con frecuencia mal interpretada: un niño es para Jesús alguien que no es habitualmente considerado por los demás, que está en último lugar. Por eso Jesús lo toma como símbolo de todos aquellos a quienes tenemos que servir si queremos ser los primeros en el Reino.

Así pues, se sabe que el ejercicio de clasificar “quién es el más grande y el más importante” es constante en toda la historia y tiene una detallada enumeración de los distintos grados políticos, militares, civiles y eclesiásticos. Entonces el discípulo debe ser ejemplo de servidor con la voluntad del hombre de paz y con la donación de la persona que ama y espera: ante la arrogancia del poder, ante el camino ancho del triunfo y de la aclamación, Jesús opone el servicio a los demás, el camino que Él está recorriendo y sobre el cual los discípulos de entonces y de hoy son tan reacios a seguir sus pasos.

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