La ordenación episcopal de monseñor Winston Mosquera en la Catedral de Santiago Apóstol en Cali, el sábado 14 pasado
La ordenación episcopal de monseñor Winston Mosquera en la Catedral de Santiago Apóstol en Cali, el sábado 14 pasado

No tienen vivo el amor de Dios quienes creen que con dedicarle media hora cada domingo han cumplido, volviéndole la espalda el resto de la semana —Antonio Maura, político español (1853-1925)

Estos renglones no son idea mía, sino que han sido sacados de un discurso que un sacerdote católico le dijo a otro sacerdote, también católico, en su 30o. aniversario.

Trataré de resumirlo debido a que las palabras al homenajeado fueron amplias en sus conceptos:

“En un hogar, en una familia, el papá junto con la mamá tienen la enorme responsabilidad de conducir y educar a sus hijos en todo el sentido del bien, dándoles un sinnúmero de herramientas y procedimientos para que vayan fortaleciendo sus alas para volar el día de mañana del nido familiar.

“Así, los sacerdotes estamos llamados a acompañar a nuestros fieles a encontrarse con Dios y tenemos, como los padres, muy serias y enormes responsabilidades ante nuestro Señor y frente a nuestro pueblo a nosotros encomendado.

“Un sacerdote, igual que un papá debe de enseñar a sus hijos con sabiduría y amor, así también como ser paciente y tenaz pedagogo y advertirles por dónde pueden ser peligrosos los caminos y, sobre todo, en quién deben de aprender a confiar.

Refugio

“El sacerdote debe ser como un refugio donde su comunidad encuentre el abrazo seguro, el calor del cobijo y el que sane su heridas. Igual que un buen papá, él sabrá qué terapia o medicina aplicar con exquisita ternura a sus hijos en la fe.

“El sacerdote, igual que lo haría un buen padre con sus hijos, no les resuelve todos los problemas a sus fieles, sino que orienta sus conciencias, ilumina su alma para que ellos sepan tomar —con la luz de Dios— las decisiones correctas y un buen sacerdote será aquél que con paciencia forme y fortalezca el alma de sus feligreses para que éstos sean cada día mejores hijos de Dios.

“Un sacerdote es aquél que anima a sus hijos a llevarse bien entre ellos, a ayudarse, a ser solidarios unos con otros. La buena relación entre el padre y el hijo tiene necesariamente que ser complementada con la buena relación entre los hermanos, igual que un papá no puede ser indiferente ante los pleitos entre sus hijos.

“Así, un sacerdote debe de provocar la comprensión, el perdón, la ayuda, la paciencia y la colaboración entre los miembros de la comunidad donde ha sido enviado. Ser un doble puente entre Dios y los hombres, y entre los hombres con ellos mismos.

“Finalmente, queridísimo amigo, la constancia en la conducta, el buen ejemplo, la devoción sincera y permanente ante el Santísimo Sacramento, la alegría del amor a Cristo, a la Iglesia y a la Virgen deberá ser siempre no solo la manifestación del sello indeleble que recibiste en la opción de tu ordenación hace 30 años, sino el grito más elocuente y alegre que puede salir de tu corazón para decirnos a todos nosotros: Vale la pena ser sacerdote”.

Y yo digo: gracias a ustedes queridos sacerdotes por tratar de llevarnos por el buen camino. Gracias.

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