El séptimo arte ha acompañado al ser humano desde hace incontables décadas, regalándole experiencias conmovedoras y momentos inolvidables. El cine ha logrado tocar la fibra de millones, motivándolos a amar la vida, y a veces, hacer críticas necesarias a la sociedad.
Sin embargo, el cine de autor es quizás el que más logra estos objetivos. Por eso, sería bueno ahondar en cómo esta expresión artística está cambiando la forma de hacer cine y cada vez gana mayor reconocimiento.

El cine de autor vs. el tradicional
La industria del cine es gigante, factura miles de millones de dólares al año y lleva a mareas de gente a las salas de cine cada semana. No sorprende entonces que existan grandes productoras trayendo contenido continuamente para captar la atención de los entusiastas de las películas.
Sin embargo, cada vez es más común que, por crear historias que la gente pueda consumir de forma rutinaria, se pierda el propósito de hacer cine. Hay que recordar que esta es una forma de arte que ayuda a expresar el sentir del director a través de historias que toquen a quien la ve; permite dejar enseñanzas, y, más allá de entretener, busca llevar a la reflexión y al análisis del mundo en el que vivimos.
La gente se ha dado cuenta de esta increíble carencia narrativa de muchas películas contemporáneas. Puede que se diviertan al verlas, sí, pero no aprenden nada.
Y es que la narrativa en el cine es la columna vertebral de toda historia, y sin ella no se puede entregar un producto coherente y de calidad. Es por eso que muchas personas recurren al cine de autor para intentar encontrar lo que no consiguen en la mayoría de películas populares de hoy.
El cine de autor busca plasmar la visión única del director, contar historias a través de su experiencia y punto de vista; esto nos permite, a través de la película, entender los sentimientos, miedos y deseos de este, e incluso empatizar con ellos.

El cine de autor es común en películas de bajo presupuesto, al margen de las presiones y las decisiones, a veces unilaterales, de grandes productoras. El director que hace este tipo de cine se sumerge de manera más profunda en su trabajo, y le da forma como un artesano a una vasija de barro. Este tiene mayor libertad para contar una historia y llevar un mensaje de forma única e individualizada.
A menudo, esto permite crear una mayor conexión entre el cineasta y el cinéfilo, resultando en películas más poderosas y con mayor sustancia.
El futuro del cine de autor en la industria
Siempre habrá grandes productoras que hagan películas tremendamente rentables, y también habrá un gran público para ello.
Sin embargo, cada vez es más evidente que el cine de autor está ganando mucha más popularidad, y se lo ha ganado a pulso.
En los eventos de cine e incluso en festivales de renombre cada vez es más común ver cómo nuevos directores que hacen cine de autor obtienen mayor reconocimiento. Y estos directores ya no provienen de un mismo país o punto geográfico; hemos visto como películas de directores latinos, asiáticos y europeos van invadiendo la industria.
Muchos de ellos, completamente desconocidos y sin mucho apoyo, logran popularizarse a sí mismos por su forma de contar historias más atrevidas e innovadoras. Las plataformas de streaming experimentan una mayor demanda desde que este tipo de películas llega a su catálogo de programación; demostrando así que cada vez más personas desean ver historias con sustancia y narrativas poderosas.
Lo que los directores del cine de autor están logrando en la industria es, por demás, increíble. Sus películas, a menudo son vistas como obras de culto contemporáneas, y dejan una enseñanza de profundo valor en quien la ve.
Es lo mismo que la gente solía sentir al ver una película de la época dorada del cine hace unas décadas. Esa misma emoción que se traslada a películas modernas que tratan temas sociales, culturales hoy relevantes, es lo que todos deberían sentir cada que asisten a ver la obra pura de un director.
Y como eso pasa más a menudo en el cine de autor, no es forzado decir que este tipo de expresión de arte solo seguirá escalando hasta la cúspide, donde merece estar.
(I.S.)
