• Doña Hilda Correa Maza goza de buena salud a sus 100 años
  • Doña Hilda Correa Maza celebró su centenario con una vaquería yucateca; en la foto aparecen sus hijas Dulce, Hilda y Rita Herrera Correa

Siempre risueña y de buen humor, a doña Hilda Correa Maza le chispean los ojos de emoción al recordar la celebración de su centenario, el pasado sábado 16.

“Ni muerta se me va a olvidar mi cumpleaños. Fue una fiesta tan grande, tan grande, que no lo creo todavía”, comparte feliz la centenaria dama, en entrevista con Diario de Yucatán en su casa en el fraccionamiento Las Américas.

El evento fue una auténtica vaquería yucateca, con el local decorado como en las fiestas de pueblo. Doña Hilda, luciendo un elegante terno matizado, incluso se animó a bailar el vals y una pieza de chotís, rodeada por sus seis hijos, 39 nietos, más de 40 bisnietos y una tataranieta.

Doña Hilda nació en Tizimín el 31 de diciembre de 1924, aunque la familia siempre celebra su cumpleaños en otras fechas, pues el mero día la mayoría de la gente está concentrada en su fiesta de fin de año.

Hija de Manuel Correa y Fidelia Maza, doña Hilda tuvo dos hermanos: Luis y Fernanda. Desde pequeña fue criada con estrictos valores familiares. “Yo no era una muchachita como las de ahora; fui una niña muy cuidada”, recuerda.

Luego de un noviazgo de años, en el que darse un beso era de pensarse, se casó con Plutarco de Jesús Herrera Barrera en la iglesia de Santiago, en Mérida. Juntos formaron una familia con seis hijos: Dulce María, Plutarco, Humberto Iván, Rita Ivonne, César de Jesús e Hilda Marbella.

La familia vivió por un tiempo en Chetumal, donde Plutarco trabajó en el aeropuerto, mientras doña Hilda se dedicaba a las labores del hogar y el cuidado de los hijos. En sus ratos libres solía caminar en el bulevar y fue allí donde halló la inspiración para escribir un poema a Chetumal que fue publicado en el periódico.

“La poesía me gusta mucho, para mí es muy bonita”, señala, “y eso que solo estudié hasta segundo de primaria”.

Tras el fallecimiento de su marido hace más de 33 años, doña Hilda decidió no buscar otra pareja. “Yo no hice por ‘pescar otro gallo’. La pasamos rebién”, recuerda con cariño.

El secreto para celebrar 100 años

A sus 100 años, asegura que el secreto para llegar a su edad radica en tener fuerza de voluntad, vivir con tranquilidad, evitar corajes y no hacer bilis.

“La vida me sonríe, estoy muy feliz. Ahora mis hijas me consienten, ya casi no cocino. Ahora soy un poco conchuda, me gusta que me atiendan”, dice entre risas.

La cocina igual era de unos sus placeres. “Antes cocinaba, pero ahora mi hija es quien cocina”, explica. Como buena cocinera, come de todo, pero el puchero es su comida preferida hasta el día de hoy.

“De todo me gusta, no soy pesada en la comida. Antes cocinaba, ahora me gusta que me atiendan”, admite, tras resaltar que ella dedicó toda su vida al cuidado de sus seis hijos, “ahora toca que me atiendan como una reina”, afirma con humor.

Además de conservar su buen sentido del humor, a sus cien años doña Hilda puede presumir de una buena salud: no tiene ninguna enfermedad crónica, no usa anteojos (apenas le van a hacer un examen de la vista, pues ya se le dificulta leer) y tampoco bastón.

Nada me duele, solo la vista que me empieza a molestar un poco; pero la paso muy bien. Dios es muy grande y muy poderoso y creo mucho en Él”.

La celebración de sus 100 años no solo fue un homenaje a su vida, sino un recordatorio de la importancia de la familia, las tradiciones y el amor durante un siglo lleno de experiencias inolvidables.

Jorge Iván Canul Ek es licenciado en Periodismo y Ciencias de la Comunicación y actualmente reportero de la Agencia Informativa Megamedia. Tiene 22 años de trayectoria en los medios, y es colaborador de Grupo Megamedia desde 2004. Los temas de arte y cultura, comunidades, ciudadanos y espectáculos son su especialidad. Con especial gusto por la crónica para el desarrollo de sus historias.