La escultora yucateca Marcela Díaz conmemora 20 años de trayectoria artística con diferentes eventos, entre los que destaca la exposición “Fibras que hablan… Tierra y memoria”, que se inaugura mañana en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo de los Ferrocarriles.
La apertura está prevista para las 19 horas. Una cita para admirar la obra de una artista que, a través de sus fibras, entreteje historia, territorio y humanidad.
La artista, nacida en Mérida en 1961, ha construido una carrera a través del diálogo entre materiales orgánicos y mensajes humanos.
La escultora, apasionada de las fibras textiles naturales como el henequén, la sansevieria y el coco, encuentra en ellas un medio para explorar emociones, sanar el alma y conectar con el otro.
La exposición “Fibras que hablan… Tierra y memoria” reúne 24 obras de distintos tamaños y formas que resumen dos décadas de evolución artística.
En íntima entrevista otorgada a Diario de Yucatán en las entrañas de su hogar, Marcela Díaz comparte con nostalgia los primeros atisbos de su vocación artística. “Era nada más la actitud de crear cositas”, dice, refiriéndose a aquellos momentos de su infancia en que comenzó a dar forma a pequeñas esculturas sin ser plenamente consciente de lo que hacía.
“Yo hacía mis cositas, pequeños conatos de escultura”, asegura entre risas, mientras rememora cómo su madre solía referirse a esas creaciones como “las cositas de Marcela”.
Tuvo su primer hijo muy joven, se casó, y antes de darse cuenta, ya tenía una familia por la cual velar. Fue cuando su primer hijo se fue a la universidad en 1999 que Marcela, a los 39 años de edad, comenzó a cuestionarse qué haría con su vida. “Me entró la duda de qué iba a hacer de mí misma”.
La decisión de estudiar arte llegó tarde, pero con una determinación férrea, además de apoyada por su esposo Ricardo, en 2001 comenzó su carrera formal en la escultura en la escuela que Gerda Gruber creó en Cholul.
El recorrido de Marcela por la escultura ha sido todo menos convencional. En su formación se reencontró con una variedad de materiales y estilos, desde barro hasta fibra de vidrio y bronce, y exploró tanto el arte figurativo como el abstracto. “Vimos muchos materiales, resinas, maderas, bronces… Era una mezcla de todo”, recuerda Díaz.
A pesar de que durante su preparación no se abordaron directamente los textiles, algo que la había fascinado desde décadas atrás, los elementos de su vida cotidiana, como el tejido, siempre estuvieron presentes.
En 2004, después de tres años de intenso estudio, Marcela culminó su formación con una serie de exposiciones que marcaron el fin de su etapa académica y el inicio de su carrera profesional. En 2005 presentó su primera exposición individual.
“Durante toda la carrera empecé a hacer esculturas en mi taller. Ese cuarto de atrás era mi taller”, dice, señalando el espacio que, hoy en día, se encuentra en proceso de remodelación.
La escultura ha sido para Marcela una forma de encontrar su voz personal y profesional, pero también un reflejo de su vida familiar y su entorno. Su casa, construcción moderna diseñada por el arquitecto Fernando López Escalante, es tanto su refugio como un centro cultural privado donde conviven arte y creatividad.
Personalidad
“Lo que más me gusta de esta casa es que tiene una personalidad que cambia según lo que voy creando”, comparte, mientras describe cómo transformó el diseño original japonés de la casa en un espacio contemporáneo lleno de arte y vida.
Hoy, a los 64 años de edad, Marcela Díaz mira atrás y ve en sus “cositas” de la infancia las semillas de una carrera que la ha llevado a ser reconocida por su capacidad para dar forma a sus emociones y vivencias a través de la escultura.
“No fue fácil, pero la pasión por crear nunca me abandonó”, asegura.
La pasión de Marcela por el arte no se limita a su propia obra, sino que también ha construido una colección de arte que refleja su admiración por los creadores que la han influido y apoyado.
“Tengo muchísima obra que he estado coleccionando desde que tenía 15 o 16 años, empecé a coleccionar cosas de arte en general, de artistas que iba conociendo”.
Esta colección no solo incluye piezas de figuras internacionales, sino también de artistas visuales locales, a quienes Marcela ha apoyado a lo largo de su carrera.
Entre sus artistas favoritos menciona a Gerda Gruber, su maestra y guía, así como a Rosita Rubio, Beatriz Castillo y Juan Pablo Mier y Terán. “Tengo casi toda la producción escultórica de Rosita Rubio”. De hecho, Marcela considera que comprar arte de artistas emergentes es una de las mejores formas de contribuir a su desarrollo profesional.
“Es la mejor vitamina que le puedes dar a una persona que está comenzando”, afirma con convicción.
La escultora también resalta la importancia de su papel como mentora y coleccionista para los nuevos artistas de Yucatán.
“A veces compraba a los alumnos que veía en la ESAY (Escuela Superior de Artes de Yucatán, hoy UNAY), porque sé lo importante que es tener un comprador que te apoye, sobre todo cuando no hay recursos”.
Con su apoyo económico y su pasión por el arte ha ayudado a que varios artistas emergentes den sus primeros pasos hacia una carrera profesional.
Para Marcela, no hay distinción entre las disciplinas artísticas; todas, desde la escultura hasta las Ciencias de la Comunicación, son formas de arte cuando están impulsadas por la pasión y la autenticidad.
“Vivimos para crear. Todo es arte”, apunta con una sonrisa, mientras su casa, llena de arte y vida, lo confirma en cada rincón.
“Yucatán es una tierra llena de artistas de todo tipo: músicos, pintores, escultores. Todos, de alguna manera, somos artistas en lo que hacemos en nuestro devenir profesional”.
“Todos estamos luchando nuestras propias batallas. La clave está en aprender a vernos, a levantarnos a nosotros mismos y seguir adelante. Eso me lo permitió el arte. El arte vino a darme la oportunidad de ser feliz, de conocerme, de expresarme, de hablar con mi propia voz. Decir lo que no podía decir con palabras. Nunca las tuve… pero las encontré cuando tuve la tridimensionalidad para representarlas”.
“A veces ni yo misma entendía lo que hacía; veía mis obras con el tiempo y sentía rechazo, me preguntaba qué estaba curando en mí o qué quería mostrar a quienes vivían algo similar. Y al final, todo se resumía en decir: vamos adelante”.— Darinka Ruiz Morimoto
Marcela Díaz Más sobre la escultora
La artista es una de las figuras más destacadas del arte contemporáneo en México.
Reconocida
Desde sus inicios a los 39 años bajo la guía de Gerda Gruber, Marcela Díaz ha perfeccionado una técnica que ha sido reconocida en bienales de renombre, como la X de La Habana, y en espacios culturales de México y otros países de Hispanoamérica, Estados Unidos y Europa.
Colecciones
Sus piezas son parte de colecciones privadas y públicas, como las del Museo Latino de Omaha, el Museum Fünf Kontinente en Alemania y el Museo de Hacienda y Crédito Público en Ciudad de México.
