MADRID (EFE).— Dana, la palabra del año 2024 elegida por la FundéuRAE, nació para reemplazar su expresión equivalente “gota fría” por la alarma que generaba esta última en los informes meteorológicos pero, irónicamente, tras los devastadores efectos del fenómeno de este año en Valencia el vocablo quedó también asociado con la catástrofe.
Mencionarla trae de inmediato a la memoria el temporal y las graves inundaciones en el este y sur de España, especialmente en la Comunidad Valenciana, que dejaron más de 230 muertos, miles de damnificados y enormes pérdidas económicas y de infraestructuras, además de alimentar una agria polémica política que implicó al gobierno federal y al regional valenciano por la responsabilidad de sus respectivas gestiones.
Y, sin embargo, la dana —acrónimo de Depresión Aislada en Niveles Altos y homenaje al mismo tiempo al meteorólogo ya fallecido Francisco García Dana— no siempre está asociada a las lluvias torrenciales, ya que, como recordaron a EFE portavoces de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), puede tener efectos muy diversos, incluyendo olas de calor y la llegada de polvo africano en suspensión.
La dana no es más que una masa de aire frío instalada en las capas altas de la atmósfera que, en un momento dado, es rodeada por aire más cálido y queda aislada de la circulación atmosférica.
El fuerte contraste de temperaturas propicia la formación de cúmulos nubosos que terminan desencadenando unas precipitaciones intensas y localizadas.
Como su nombre lo indica, la dana se ubica en niveles altos atmosféricos por lo que, aunque se asemeja a una borrasca, no es lo mismo, ya que ésta se asocia con bajas presiones presentes en todos los niveles de la troposfera y suele llevar frentes asociados. Por eso, las lluvias de las borrascas suelen ser más moderadas y extendidas en el tiempo, no tan violentas y peligrosas como ocurre con las de las danas.
En todo caso, la creciente notoriedad que está adquiriendo el término en España llevó a plantear la posibilidad de empezar a poner un nombre a las sucesivas danas que azotan sobre todo —pero no únicamente— el levante peninsular, como sucede con las borrascas.
La notoriedad que tiene la dana en España no es tan obvia en la América hispanohablante, más preocupada por otros sucesos meteorológicos recurrentes en su zona, como los huracanes o los fenómenos atmosféricos provocados por El Niño (aguas superficiales más cálidas de lo normal en el Océano Pacífico) o La Niña (aguas más frías de lo normal).
La palabra Más
La fundación promovida por la Real Academia Española y la Agencia EFE elige un vocablo cada año según su impacto.
Lo logró por fin
El vocablo se elige en función de su impacto en los medios de comunicación y el debate social del mundo hispanohablante. Aunque ya fue candidata a palabra del año en 2019, sin conseguir entonces este reconocimiento, dana se impuso cinco años más tarde a otros once términos como fango, woke, inquiokupa y mena.
