Mérida cumple hoy 483 años de su fundación, que será celebrado con eventos culturales como el Mérida Fest 2025, la tradicional misa de aniversario y más.
Pero, ¿cómo era la ciudad en sus primeros años? Aquí te decimos como era la Mérida ancestral.
Primera fundación de Mérida, Yucatán
Su origen se remonta 2,000 años atrás, a los lejanos días en que hombres inmemoriales fundaron en este mismo lugar una ciudad que con el tiempo acabó siendo la urbe que hoy festejamos.
Pese a que muchos historiadores refieren que la urbe escogida por los conquistadores españoles para sobreponer su ciudad había sido fundada hacia el año 550 de nuestra era por los chanes, llamados después itzaes, en excavaciones en el Centro Histórico se han encontrado las huellas de una ocupación más temprana.
T’hó o Ichcansihó, como la identificaron los recién llegados, fue muy importante durante el apogeo de la civilización maya.
Así lo confirman la gran cantidad de vestigios arqueológicos regados por toda la ciudad y las cinco enormes pirámides que le dieron nombre: Ho significa “cinco”.
Hermosura que espanta
La magnitud de la Mérida ancestral llenó de asombro los ojos de los españoles, que se maravillaron de la grandeza de sus edificios y de los enormes montículos que se conservaban en sus alrededores.
Pese a que para esos días había perdido el esplendor que alcanzó entre los años 300 a 400 de nuestra era, cuando, escribe el arqueólogo catalán Josep Ligorred Perramón, se convirtió en “una de las principales capitales de la Península”.
Consigna esta fascinación Fray Diego de Landa, quien en el siglo XVI describió lo que pudo observar en la incipiente ciudad y comparó esos edificios con los de arquitectura monumental de Izamal.
“Los segundos edificios que en esta tierra son más principales y antiguos, tanto que no hay memoria de sus fundadores, son los de T’hó”
“Están a trece leguas de los de Izamal y a ocho del mar como los otros y hay señales hoy en día de haber habido una hermosa calzada de los unos a los otros”, escribió el fraile.
Incluso dejó el croquis de una de las notables construcciones que ocupaban lo que se podría llamar el centro del asentamiento.
Joo… simplemente
Mérida no se fundó sobre la legendaria ciudad de Ichcaanzihoo o Ichcaantijoo, como se piensa y como aparece en documentos mayas coloniales.
Así lo han afirmado arqueólogos como el investigador yucateco Ángel Góngora Salas ante hallazgos de los últimos años.
En años recientes, dice, se han encontrado evidencias que confirman que lo que hoy conocemos como Dzibilchaltún fue en realidad Ichcaantijoo, la capital del territorio de Joo (T’hó) y no, como se cree, el actual emplazamiento de Mérida.
La ciudad española, asegura, efectivamente se levantó en una región de la comarca o reino de T’hó, pero no en su capital.
Góngora afirma también que el nombre correcto de la antigua urbe es Joo, no T’hó, Tihó, Tho, Ti-ho, Thoo ni Too.
“Ti” es una preposición usada como locativo, explica, lo que da como resultado que T’hó signifique “de Joo”.
“La confusión es comprensible, ya que cuando les preguntaban a los indios de ‘¿dónde eres?’, respondían ‘Ti Joo’, o sea, ‘de Joo’”, explica.
Más antigua que los Itzaes
T’hó compartía un estilo arquitectónico común del sur de Yucatán, conocido como Puuc, caracterizado por la utilización de mosaicos de piedra, en los que se combinan junquillos, celosías, rosetones y mascarones del dios Chaac.
Materiales cerámicos —los más recientes encontrados en el edificio que se derrumbó hace unos años en la calle 54, junto al mercado “Lucas de Gálvez”— pertenecen a la esfera cerámica llamada Ceh Pech, del período Preclásico Medio (700 a 350 a. C.).
Esto borra la idea de que fue fundada por los Itzaes.
De la vida cotidiana
Había tres tipos de construcciones: templos y edificios públicos, palacios y casas principales, y las viviendas del pueblo.
Las casas se fabricaban a base de piedras labradas, sahcab, estuco —las de las clases altas— y de bajareque, madera y hojas de palma las de las clases más bajas.
La gente vivía de la caza y del cultivo del maíz, frijol, calabaza y chile. Había también especializaciones en pintura, construcción de edificios, elaboración de cerámica, etcétera.
Mientras que la clase en el poder debió estar constituida por gobernantes, sacerdotes, guerreros y comerciantes.
Los cinco cerros
Montejo ubicó la nueva ciudad en un emplazamiento estratégico: entre tres de las cinco pirámides de la ciudad maya: Baklumchan, al poniente; la que sería el cerro de San Antonio —entre Mejorada y San Cristóbal— y la del cerro de San Benito, al oriente.
En la cúspide de la pirámide de Baklumchan, ubicada donde hoy están el Palacio Municipal y el Olimpo, estaba el Templo de Yaham Cumú.
De sus dimensiones habla el hecho de que Montejo la usó como guarnición. Allí se alojó con su ejército durante un año.
En otra pirámide, la enorme descrita por Landa, se edificó en 1547 un convento que se llamó Asunción de Nuestra Señora y más tarde se le cambió el nombre por el de San Francisco.
En 1669, dentro de sus muros se construyó la ciudadela de San Benito.
Se reutilizaría posteriormente como cuartel militar y cárcel, para ser demolido gradualmente a fin de dar paso a los mercados “Lucas de Gálvez” y de San Benito.
La tercera gran pirámide se encontraba al oriente de la anterior, cerca de San Cristóbal.
Comenzaba a la mitad de la manzana ubicada entre las calles 67 y 65, y 50 y 52, terminando donde hoy está el Centro de Salud, apunta el antropólogo Indalecio Cardeña Vázquez, hasta que fue demolida a principios del siglo XIX para facilitar el tránsito, conociéndose esa esquina, 50 con 67, como “El imposible y se venció”.
Unas placas de piedra en ese lugar lo atestiguan.
Meridanos o carolinos
La ciudad fundada por Montejo tuvo como nombre pretendido Carolina.
Cuenta el cronista Gonzalo Navarrete Muñoz que Diego Velázquez, al tener conocimiento del descubrimiento de esta tierra, que creyó una isla, la nombró Nuestra Señora de los Remedios y quiso fundar una ciudad para usufructuar los derechos.
“Sólo era necesario decir que ya había conversos al catolicismo, fundamento moral de la conquista y la colonia.
Y Velázquez, hombre intrigante y codicioso, así se lo hizo saber al rey Carlos I de España y V de Alemania, con lo que logró el decreto para fundar Carolina, nombre que rendía honor al monarca.
Con esa misma información, el Papa León X constituyó en 1519 el obispado Carolense, el primero de lo que hoy es México”.
“El obispado daba coherencia a todo lo que se hacía, sólo que en este caso se levantó sobre bases míticas. De cualquier manera, el primer nombre de Mérida fue Carolina”, dice.
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