Uno de los mayores males que padece nuestra sociedad moderna es el del rencor. El rencor, según el diccionario Larousse, significa “sentimiento de hostilidad o resentimiento”. El rencor o resentimiento es como un veneno que uno mismo se va tragando en pequeñas dosis cada día. Quien vive con este sentimiento negativo refleja tristeza, angustia, insatisfacción y molestia. Quiere planear su venganza, desea desquitarse a como dé lugar y no es feliz.

Vivir con rencor tiene consecuencias:

Físicas: Las personas rencorosas son propensas a padecer problemas digestivos y problemas cardíacos.

Emocionales: Una persona rencorosa corre serios riesgos de sufrir crisis nerviosas y vivir en constante depresión emocional.

Mentales: La persona rencorosa vive solo pensando en el motivo de su rencor y esto le impide concentrarse en cosas más provechosas. Es como un preso, y los gruesos barrotes que le guardan son el rencor.

El rencor puede afectar también a quienes conviven con la persona rencorosa, la familia, los amigos se alejan, los compañeros de trabajo. El rencoroso termina solo porque el amor une y el rencor ahuyenta.

Tal vez sea oportuno hacerte estas preguntas: ¿En los últimos meses me he distanciado de alguna persona por un sentimiento negativo? ¿Debo pedir perdón? Más aún, ¿espero que alguien se acerque a pedirme perdón? ¿Estoy buscando vengarme de alguien?

Una actitud sana es la reconciliación. Pedir a Dios con humildad que sea Él quien me ayude a perdonar. Acercarme al amor para que me transforme y me salve.

Pasos para un cambio

Combatir el rencor puede ser un proceso profundo y liberador que implica trabajo interno, paciencia y compasión hacia uno mismo y los demás. Aquí tienes algunos pasos e información.

1.— Reconoce y acepta tus emociones:

Es importante aceptar que sientes rencor en lugar de negarlo o reprimirlo.

Reflexiona sobre las razones detrás de estos sentimientos: ¿qué te dolió?

2.— Identificar la raíz del problema:

Pregúntate: ¿Por qué siento rencor? ¿Fue por una injusticia, una traición o una expectativa no cumplida?

Reconocer la causa te ayudará a procesar y entender mejor el dolor.

3.— Practica la empatía:

Intenta ponerte en el lugar de la persona por la que sientes rencor. A menudo, las acciones de los demás están influenciadas por sus propias heridas y limitaciones.

Esto no justifica su comportamiento, pero puede ayudarte a liberarlo.

4.— Otra perspectiva:

Pregúntate: ¿Qué estoy ganando al mantener este rencor?

5.— Habla con alguien de confianza:

Compartir tus sentimientos con un amigo cercano, familiar o terapeuta puede ayudarte a procesarlos de manera saludable.

6.— Enfócate en el aspecto positivo.

Cultiva la gratitud: centra tu atención en las cosas buenas de tu vida.

Rodéate de personas optimistas.

7.— Establece límites saludables:

Si alguien ha sido tóxico o dañino es válido mantener distancia para proteger tu bienestar.

8.— Sé paciente contigo mismo.

El proceso de dejar ir el rencor puede tomar tiempo. Acepta tus avances y caídas como parte del camino que estás recorriendo.

9.— Tiempo para orar.

Orar por las personas que nos han causado un daño es terapéutico y nos devuelve la paz. Es un gran servicio que nos hacemos a nosotros mismos.

El rencor es un tipo de veneno que vamos bebiendo a sorbos cada día pensando que causará efecto al otro, cuando en realidad es a uno mismo. El rencor es como una carga que llevamos en nuestras espaldas. Liberarte de él no solo te da paz, sino que también abre espacio para experiencias más positivas y relaciones más saludables.— P. Alejandro de J. Álvarez Gallegos, coordinador diocesano para la Pastoral de la Salud, Vida y Adultos Mayores

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