El presbítero Jorge Carlos Menéndez Moguel se siente agradecido y satisfecho de haber caminado durante casi 37 años al lado del pueblo de Dios, con la comunidad que el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, le ha encomendado.
“Actualmente me encuentro en Conkal, en la parroquia de San Francisco de Asís, ya llevo cuatro años y medio aquí”, recordó.
Compartir la fe y la esperanza con la comunidad es algo que, de acuerdo con él, renueva su espíritu. “Es algo que oxigena a todos los sacerdotes”, destacó.
En particular, le hace mucho bien poder compartir su fe con la de la comunidad. “Superar juntos los problemas, alimentar el deseo de estar más cerca de Dios y responder mejor a Él es una de las alegrías del sacerdocio”, manifestó.
Esta alegría radica también en mantenerse en comunión con la gente. “Un sacerdote no puede estar alegre si no lo está junto con su comunidad”, aseveró. “El sacerdote es el pastor y las ovejas son todas las personas. Un pastor no puede estar feliz si no camina junto con sus ovejas, y viceversa. Las ovejas necesitan al pastor para sanar sus heridas, para encontrar paz, alimentarse y protegerse de los enemigos que puedan atacar al rebaño”.
El padre Menéndez Moguel fue ordenado sacerdote el 12 de enero de 1988, junto con el actual arzobispo de Xalapa, monseñor Jorge Carlos Patrón Wong, y los padres Juan Pablo Mex y Caamal José Luis Sobrino Navarrete, ambos ya fallecidos.
El próximo jueves 16, el padre Jorge Carlos Menéndez y el arzobispo Patrón Wong celebrarán el aniversario número 37 de su ordenación sacerdotal. La misa de acción de gracias se llevará al cabo a las 7 p.m. en el Aula Magna del Seminario Mayor, en Itzimná, con la participación del equipo formador, seminaristas, familiares y amigos.
El sacerdote, conocido cariñosamente como “Manito”, explicó que eligieron celebrar la misa de aniversario en la casa formadora para dar un carácter vocacional a la celebración. “Los jueves son ‘jueves sacerdotales’, así que la misa será con los seminaristas y sus familiares”, expuso. Asimismo, el padre Menéndez y el arzobispo de Xalapa cenarán con los seminaristas.
El padre Menéndez expresó su profunda gratitud a Dios por “el inmerecido don del sacerdocio”. “Es un regalo maravilloso que nunca terminaremos de comprender ni de agradecer. Le pido a Dios que me ayude, sobre todo en este Año Santo, a caminar en mi santidad sacerdotal junto con la santidad de la comunidad”.
Recordó que su vocación al sacerdocio se dio por varias razones, siendo la familia un factor fundamental. “Crecí en un ambiente de amor a Dios, de servicio a la Iglesia, en un contexto de apostolado, lo que me ayudó mucho”.
También tuvo el ejemplo de varios sacerdotes a quienes conoció por el apostolado de su familia. “Los veía felices, alegres y serviciales, lo que me motivó a seguir este camino. Finalmente, vi la necesidad de pastores en la comunidad y no pude ser indiferente ante la escasez de sacerdotes”.
Ser un ejemplo
En relación con la disminución de vocaciones sacerdotales, el padre “Manito” consideró que la mejor campaña vocacional es el testimonio de un sacerdote alegre. “Cuando los jóvenes ven a un sacerdote feliz y dispuesto a servir, pueden preguntarse: ‘¿Por qué no yo?’. El testimonio alegre de los sacerdotes es fundamental”.
Asimismo, enfatizó la importancia de trabajar en la promoción de los monaguillos, los niños y los jóvenes en las parroquias, pero aseguró que nada suplirá el ejemplo del sacerdote.
En el marco del Año Santo, reflexionó también en la importancia de la esperanza. “Éste es un año de esperanza. El Papa ha solicitado que se dedique a la virtud teologal de la esperanza y, aunque haya muchos problemas y situaciones difíciles, incluso de discriminación, el sacerdote está llamado a ser signo de esperanza”.
A lo largo de estas casi cuatro décadas, el padre Menéndez ha servido en diversas parroquias de la Arquidiócesis, incluyendo Tizimín, Umán, Maxcanú, Ticul, Progreso y, en Mérida, en Itzimná y San Antonio Cinta.
Recordó con cariño su primera parroquia, Cristo Resucitado, destacando la “épica” de su construcción. “Este proyecto comenzó con la obtención del terreno, los permisos, la formación del patronato y la búsqueda de recursos. Fue un proceso que se llevó al cabo en pocos años: desde que se puso la primera piedra el 14 de mayo de 1998 hasta su consagración el 13 de enero de 2007”, relató. La primera misa en la nueva iglesia se celebró en obra negra el primer domingo de septiembre de 1999.
También ha servido en las parroquias de Las Américas, Chuburná y Cordemex. Además, fue ecónomo de la Arquidiócesis y rector de la Sagrada Familia antes de ser nombrado párroco de Conkal.
El padre Menéndez completó un doctorado en Teología Moral en la Universidad de la Santa Cruz, en Roma.— Claudia Ivonne Sierra Medina
