Con la majestuosidad y la belleza salvaje del paisaje, a través de una atmósfera musical que emula las olas del mar y la grandiosidad de la naturaleza se abrió el segundo programa de la temporada enero-junio de la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) a través de la Obertura “Las Hébridas” de Félix Mendelssohn.
Esta obra breve (diez minutos), pero intensa y llena de contrastes emocionales y sonoros, fue inspirada por el viaje de Mendelssohn a las Islas Hébridas, específicamente a la cueva de Fingal en Escocia. Aunque la obra es descriptiva en muchos aspectos, también tiene una carga emocional considerable, algo que contribuye a la profundidad de la misma.
Tras la obertura salió al escenario el flautista principal de la OSY, el colombiano Joaquín Melo, para interpretar el Concierto para flauta en Sol mayor H. 445 de Carl Philipp Emanuel Bach.
Puede que C.P.E. Bach no sea tan popular como su padre J.S., pero este concierto se sostiene por sí mismo.
El concierto, con una estructura típica del barroco, consta de tres movimientos: Allegro di molto, Largo y Presto, interpretados con un formato reducido de instrumentos propio de la época y acompañamiento de clavecín, a cargo de la maestra Irina Decheva.
Melo abordó el primer movimiento, enérgico y dinámico, con seguridad y soltura, en conversación constante con la orquesta. Este movimiento también tiene momentos de lirismo y suavidad, lo que resalta la habilidad expresiva de la flauta y su solista.
Acompañamiento sutil
El segundo movimiento es mucho más tranquilo y contemplativo. La flauta ofrece una melodía fluida y cantábile, mientras que la orquesta ofrece un acompañamiento sutil y delicado.
El último movimiento es muy rápido y virtuoso. Melo mostró su dominio del instrumento, con frases largas que requerían una buena respiración y digitación. Es un final con mucha energía que contrasta con el carácter introspectivo del movimiento anterior.
El concierto combinó con éxito la armonía y contrapunto barrocos y el refinamiento en la interacción entre el solista y la orquesta.
Como siempre, es un gusto escuchar como solistas invitados a los miembros fundadores de la OSY, que siguen dando cátedra de virtuosismo y musicalidad.
Tras el intermedio llegó una de las piezas sinfónicas más bellas que hemos escuchado: la Sinfonía número 5 de Tchaikovsky, una de las más queridas y aclamadas del compositor ruso.
El mayor talento de Tchaikovsky era su don para la melodía y en ninguna otra obra es tan evidente como en la Quinta. El primer movimiento Allegro-Allegro con anima es más triunfal que íntimo, mientras que el solo de corno, que Juan José Pastor llevó a su máxima expresión, es el alma del segundo movimiento (Andante cantábile con alcuna licenza). Luego entra el oboe con otra melodía de igual belleza, una tercera en la sección media a la que responde el fagot, y ya cuando este tema elegante y sentimental llega a todas las cuerdas puede sentirse en su máxima expresión. José Areán supo guiar a la OSY hacia esa pasión arrolladora que cumple su potencial expresivo en este movimiento.
Evocación de ballet
El tercer movimiento Valse: Allegro moderato, recuerda la música de Tchaikovsky para ballet, y lleva el lirismo del segundo movimiento a una nueva dirección.
Este movimiento es un vals elegante y ligero. Tchaikovsky emplea un ritmo de danza y una orquestación brillante para evocar un sentimiento festivo, pero al mismo tiempo el movimiento mantiene una cierta tristeza subyacente en las melodías. Es muy llamativo por su sofisticada escritura orquestal y la belleza de sus temas.
El cuarto movimiento: Finale: Andante maestoso-Allegro vivace, con un tema de triunfo y resolución, comienza con una introducción majestuosa antes de pasar a un allegro lleno de energía, que expresa una sensación de victoria. La obra cierra con un fuerte sentido de afirmación y celebración, con el “tema del Destino” regresando, pero ahora con un tono de triunfo, concluyendo la sinfonía de manera gloriosa.
Gusto tradicional
Esta temporada la OSY, a diferencia de otras donde escuchamos música contemporánea, es más “clásica”, con obras tal vez más atractivas para un público tradicional que ansía escuchar piezas conocidas y un puñado de piezas no tan conocidas que lo atrape y que le presente el nivel de madurez que ha alcanzado la OSY, con sus solistas, por ejemplo.
El programa se repite al mediodía, hoy, en el auditorio del Palacio de la Música, que, como en el primer programa, lució casi repleto.— Patricia Garma Montes de Oca
