Ricardo Uicab Quej recibe de Jimena Poot Alvarado un diploma por su plática en el programa del 103o. aniversario de la Uady, anteayer
Ricardo Uicab Quej recibe de Jimena Poot Alvarado un diploma por su plática en el programa del 103o. aniversario de la Uady, anteayer

“Los tatuajes han sido una forma de expresión cultural, identidad y resistencia a lo largo de la Historia”. Aunque hoy se consideran una expresión artística, han cargado con estigmas que persisten, especialmente en sociedades como la yucateca.

En la conferencia “Tatuajes: Cuerpos, estigmas y poder social”, ofrecida como parte del programa del 103o. aniversario de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), el psicólogo y tatuador Ricardo Uicab Quej abordó el significado cultural de esta práctica a lo largo de la Historia y cómo ha ido cambiando con el tiempo.

Desde su perspectiva como psicólogo y tatuador, Ricardo Uicab explicó cómo detrás de cada diseño hay una historia personal, pero también una manifestación de la sociedad que nos rodea.

“El tatuaje siempre ha estado presente, desde las tribus antiguas hasta las culturas más contemporáneas. Antes era símbolo de pertenencia o de rituales religiosos, y con la llegada de la modernidad pasó a asociarse con la marginalidad y la delincuencia”, explicó.

A lo largo de la conferencia se expusieron las relaciones del tatuaje con distintas instituciones sociales, como la familia, la empresa y la Iglesia, y se detalló cómo normas y prejuicios han moldeado la percepción colectiva sobre quienes se tatúan.

“La empresa te dicta cómo debes verte, con un cuerpo ideológicamente perfecto, sin manchas, atractivo a la vista”, señaló.

Destacó que cada vez más personas rompen con esos paradigmas y ven al tatuaje como una forma de reafirmar su identidad o contar una historia personal.

“El dolor es parte de la experiencia del tatuaje. David Le Breton en su libro decía que el dolor significaba el proceso de decir: ‘Estoy aquí, estoy vivo’”, explicó.

En la actualidad se ha convertido en una forma de representatividad, específicamente de la identificación de determinados grupos sociales, y una característica de aquellas personas que van en contra del sistema.

Además de abordar la parte social, se trató también la dimensión emocional que implica tatuarse. Se hizo hincapié en la importancia de que quienes se dedican a este oficio no solo dominen la técnica, sino que también sean acompañantes del proceso, respetando el significado que cada cliente le está poniendo a su piel.

Para concluir, Uicab Quej lanzó una pregunta a manera de reflexión: “Estamos casi a mitad del siglo XXI, pero seguimos estigmatizando los cuerpos tatuados. ¿Hasta qué punto hemos superado los prejuicios hacia los cuerpos tatuados y qué desafíos quedan por enfrentarse en la lucha por la aceptación y la diversidad corporal?”.— Karla Acosta Castillo

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